Testimonios JMJ: JMJ y con letras mayúsculas

Normalmente, es difícil empezar a contar una historia (en este caso un testimonio, o como queráis llamarlo).

Esta es una de estas veces en la que quieres contar todo pero que sin quererlo… fijo que algo se te quedará en el tintero, así que ya pido disculpas por adelantado.

Hace ya unos meses, después de meditarlo mucho, decidí apuntarme a esta gran aventura que hoy se termina y que puedo decir que ha sido una de las grandes experiencias de mi vida. Una aventura que surgió un domingo, durante una conversación con Don Jose Luis el párroco de Ortoño y de Bertamirans. Gracias a el y gracias a Dios, puedo decir que hoy estoy aquí contando esto. Porque Dios ha querido que viviese lo que significa una JMJ y con letras mayúsculas.

Aterricé en un grupo que no conocía de nada y al principio me sentí totalmente descolocada. También es cierto que con el paso de los días empecé a ser una más y en este preciso momento me siento como si llevase aquí toda una vida.

Me he dado cuenta de que existe gente maravillosa, con sus más y con sus menos, pero maravillosa. También me he dado cuenta de todo lo que dan personas desconocidas (en este caso las familias que nos han acogido) que sin conocerte de nada te lo dan absolutamente todo a cambio.

He tenido la oportunidad de vivir mi fe de una forma totalmente diferente, mucho más intensa de lo que estaba acostumbrada. De compartir momentos mágicos con personas que puedo decir que ya considero amigos y de ver más allá de lo que vemos con nuestros propios ojos. Ver a través del corazón y del amor de Dios. He pasado momentos duros, en los que mi cuerpo ya no podía más físicamente. Pero una vez más, pidiéndole a Dios y a la Virgen, ellos me dieron la fuerza que tanto necesitaba para seguir adelante a pesar del malestar general y disfrutar de los momentos mas intentos de la JMJ como por ejemplo, la vigilia.

Quiero terminar diciéndoos gracias. Gracias a todos por arroparme en este gran viaje que jamás olvidaré.

Espero que en un futuro no muy lejano podramos repetir. Y volver a vivir todos juntos de nuevo, momentos mágicos a través de nuestra fe, y así poder seguir almacenando momentos tan bellos en mi memoria a largo plazo. Gracias.

Diana Rey

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