“¿Por qué os alarmáis? ¿Por qué surgen dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona”. Si es que a veces nos cuesta creernos que Tú obras maravillas, Señor. Que nada, nada es imposible para Ti. Hoy vamos a hacer un acto de fe en medio de lo que estemos viviendo. Vamos a abrir nuestro corazón a tu Amor infinito y a tu obrar, con la plena confianza plena de que Tú todo lo puedes hacer nuevo.

AthenasTodo lo haces nuevo  https://youtu.be/yJTmiht-URU

Elena Fernández Andrés · https://twitter.com/poverellacm

 

Escribe hoy Chus Villarroel«En muchas ocasiones he sido como los de Emaús, he criticado a la Iglesia, me podía haber ido de ella lleno de razones. Al menos, así lo creía yo. Mas, ¿qué ha hecho Jesucristo conmigo? Explicarme durante tantos años lo que se refiere a Él en las escrituras. Estuve muchos años obcecado en mi racionalismo, creía con mucha soberbia, que tenía razón, que mis soluciones eran las verdaderas. Y con bastante mal talante. Hasta que un día me di cuenta. Fui iluminado con cariño como Jesús hizo aquel día con los de Emaús. Desde entonces, me di cuenta que el pobre era yo, que el necesitado era yo, que el mal, sería para mí. Me di cuenta que lo importante era que la Iglesia no me abandonara ella a mí.

Al llegar al pueblo Jesús hizo ademán de seguir caminando. Cleofás y su amigo no le dejaron: “Señor, la tarde está cayendo, la noche se echa encima, quédate con nosotros”. Y se quedó con ellos y se pusieron a cenar. Como ahora, como hacemos ahora cualquier día. La diferencia estuvo en que Jesús cogió el pan, lo bendijo, lo partió y se lo distribuyó. En ese momento les entró el Espíritu Santo y le reconocieron. O, como decían entonces, se les abrieron los ojos y entendieron todo lo que Jesús les había dicho por el camino y le reconocieron a Él. Cuando le fueron a dar el abrazo del reconocimiento Jesús se ocultó entre sus brazos.

No fue la voz, no fue el gesto, no fue el partir el pan el que les abrió los ojos; no fue ninguna evocación de este mundo la que trajera a Jesús a su memoria. Es el paso del Jesús de la historia al Jesús de la fe que ya está en otra dimensión. El Jesús de la historia, el que se ve con los ojos de la carne, desapareció entre sus brazos; en ese momento nace en ellos el Jesús de la fe. Este paso solo lo puede hacer el Espíritu Santo. Creer en el Resucitado no está en la capacidad de ningún hombre, es pura gracia y don de Dios.»

Montse de Javier · Comunidade Caná