«El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él.»

¡Somos de Cristo! Él permanece en nosotros y nosotros en Él. ¡Qué locura! ¡Locura de Amor! Que nuestra vida sea transparencia de la Gloria de Dios, como los santos. No vivamos por menos que eso, porque nada más vale la pena. Todo lo de esta vida, aquí se queda. Vivamos con la mirada puesta en lo alto, unidos totalmente a Jesús. Hoy te entregamos todo lo que somos, Jesús.

Robert León – Si todo te lo doy   https://youtu.be/QTy8VpVVzAI

Elena Fernández Andrés · https://twitter.com/poverellacm

 

En 1347 arreciaba la peste en Siena.. y Catalina se lanzó de cabeza entre los apestados y se zambulló en la muerte sin morir, asombrando al pueblo donde había nacido. Primero en su propia casa, donde Lapa, su madre, resistía al frente de once nietecitos de los cuales murieron ocho. Catalina los sepultó con sus propias manos, pues no había que pedir ayuda para los muertos cuando los vivos la necesitaban toda. Con cada uno que enterraba repetía: “A éste ya no lo pierdo para la eternidad”. A su alrededor, muchas personas se agrupaban para escucharla. A los 25 años se mostró como gran conciliadora entre los soberanos de Europa. Su influjo fue esencial en el cisma que vivía la Iglesia en aquel momento. Supo hacer las cosas con prudencia, inteligencia y eficacia. Murió a los 33 años. Los santos nos acompañan en el combate de la Fe. Los que aman al Señor nos enseñan el camino de la Paz.

Igual que la infección del virus es algo personalísimo, que no depende de nosotros (aunque lo intentamos evitar con acciones concretas y fastidiosas), el encuentro con Cristo Resucitado es también gratuito y personal para cada uno. Tenemos que lavarnos también todo el rato y borrar todo lo que nos intoxica. En la desescalada habrá que vencer el miedo a la muerte, para salir de casa y poder vivir. Para tener vida eterna -esa Nueva Normalidad– tendremos que salir de donde estábamos para, ahora que deseamos abrazar a alguien, ir a abrazar a Jesús. Para preguntarle para qué estamos vivos -ahora que sabemos que nuestra normalidad era mentira- y para decirle que necesitamos que se haga en nosotros su Reino.

Montse de Javier · Comunidade Caná