Un hombre al servicio de los demás

José Bande de Castro nos ha dejado. Su familia le llora, y sus amigos también. El Obispo José Cerviño, de quien había sido muchos años Secretario, y otras personas que habían dedicado su vida al servicio de los otros, lo habrán recibido con gozo; pero los que  caminamos todavía por la senda de esta vida, lo echaremos de menos.

Conocí a José Bande en Carril, cuando iba con otros seminaristas a la isla de Cortegada y acampaban allí. Algún año más tarde, al ingresar yo en el seminario, me pusieron a su lado en el comedor. Recuerdo que, antes de manifestarse sobre algo, reflexionaba, interiorizaba y sólo después se pronunciaba. Cuando terminó el ciclo académico de estudios teológicos, se marchó a Salamanca, para aprender un poco más. Al volver, se le notaba su buena preparación, no sólo en el trato con el clero, sino también, según decían, al impartir sus clases en el Instituto Rosalía de Castro. Allí estuvo hasta que, desde el Arzobispado, le pidieron hacer frente a otros cometidos.

Al nombrarle Delegado de Vocaciones, programaba encuentros con jóvenes, para reflexionar sobre el futuro de sus vidas. Algunas de esas reuniones estaban concebidas desde la preocupación por la vivencia de la fe en general. Los jóvenes que participaban en ellas, constituían los Grupos MAS, título alusivo al ansia de superación constante que debía tener el joven. Otras convocatorias que él coordinaba, recibían el nombre de Mar Adentro, pues se intentaba con ellas iluminar el camino de búsqueda intensa, en orden a una vida de servicio a los demás, mirando hacia una posible entrega  en el sacerdocio o en la vida consagrada. Por otra parte, cada año organizaba una “Marcha Vocacional de la Alegría”, que involucrara a un número considerable de jóvenes. En una de ellas, que discurrió por la zona de O Caurel, tuve el gozo de participar, junto a un grupo de mozos y mozas y a D. Manuel Ferreiro, actual Rector del Seminario Menor. Comenzamos en Freixo (junto a Samos) y concluimos en Quiroga.

Con sus clases en el Instituto y sus reuniones y acampadas, D. José no buscaba otra cosa que ofrecer a los jóvenes de entonces algo más de luz y verdadera ilusión. Le he oído decir en muchas ocasiones que Dios no quiere que sea sacerdote aquella persona a quien Él no haya orientado hacia esa meta; y que en cambio, para quien estuviera llamado al servicio sacerdotal, el sacerdocio sería para él una fuente de gozo y de esperanza. Lo importante, pues, es que cada uno siga su camino, el que Dios le indique: eso es lo que ha de intentar conocer el joven de hoy cuando se plantea su futuro: ¿Qué camino quiere Dios que siga?; ¿a qué querrá que dedique yo mi vida?

Ahora el Señor lo ha llamado. No dudo que le habrá dicho: Ven, siervo bueno y fiel: ya que has sido fiel en lo poco, te constituiré sobre lo mucho. ¡Entra en el gozo de tu Señor!

José Fernández Lago
Canónigo lectoral

Artículo publicado en El Correo Gallego