Nacido en Serradilla (Cáceres) el 29 de abril de 1939 fue el segundo de cinco hermanos. Desde la más tierna infancia vivió en Ponteceso, primero en Carballido y posteriormente en Eleuterio de Tella, donde su padre ejerció como maestro. Con 13 años, animado por su familia y por algunos seminaristas, ingresó en el Seminario Menor de Santiago, ordenándose sacerdote el 4 de agosto de 1964.

Comenzó su vida pastoral como coadjutor en las parroquias de San Martín do Porto y San Mamed de Larage, en el arciprestazgo de Bezoucos, para tomar posesión en 1968 de San Félix y Santa Juliana de Monfero, así como otras parroquias limítrofes. En 1971 fue nombrado párroco de San Juan de Pravio y San Julián de Cela, y encargado de San Cipriano de Bribes, parroquias que atendió pastoralmente hasta que en 1990 fue nombrado párroco de San Esteban de Paleo en Carral y San Pedro de Quembre. De 1992 a 1996 se encargó también de Santiago de Sumio y desde el 2013 fue administrador parroquial de Santa Eulalia de Cañás.

Fue profesor de Religión en el IES Menéndez Pidal en A Coruña desde 1978, hasta que en 1997 pasa al IES David Buján de Cambre, donde se jubiló en el 2004. Entre los talentos que Dios le regaló estaba el ser un manitas en el arreglo y la conservación de órganos de viento y fuelle. También dedicó esfuerzos al arreglo y la restauración de los templos por los que pasó para hacerlos lugares dignos y acogedores. En palabras de nuestro arzobispo Julián, Santiago «vivió el sacerdocio poniendo oído al corazón de los demás y disponibilidad a las esperanzas y zozobras que vivían (…) Comprendió la realidad que le tocó vivir, y lo hizo con sencillez y bondad, con confianza en Dios poniendo sus talentos al servicio del evangelio y de la Iglesia. Fue servidor fiel, buen pastor, comprensivo, cercano, siempre preocupado más por los demás que por sí mismo». Llegada la enfermedad, la aceptó como humanamente pudo. Damos gracias a Dios por el don de este buen sacerdote.

Fuente: Manuel Quintáns | La Voz de Galicia