Una familia de bien

El libro del Eclesiástico se hace lenguas sobre la autoridad paterna sobre la prole, y ensalza a quien respeta a sus padres y trata de honrarles en todo momento. Incluso trata de afrontar el texto bíblico la posible situación de demencia del padre, para animar a los hijos a no abandonarlo nunca, mientras viva. Todo lo que uno pueda hacer por el padre, lo tendrá en consideración el Señor, bendiciendo a quien así obre.

San Pablo, al escribirle a los Colosenses, establece unas bases muy adecuadas para hacer del propio hogar un lugar de convivencia ideal. Todo ha de apoyarse en el amor, de modo que la paz de Cristo habite en los corazones de todos los de casa. Recomienda el Apóstol que participen en la Eucaristía, ansioso de que la palabra de Cristo habite con riqueza en ellos. Han de perdonarse mutuamente, imitando el modo de actuar de Dios, que siempre nos perdona. Así, lo que realicen, han de hacerlo en el nombre de Jesús, ofreciéndole al Padre la Eucaristía en nombre de él.

El Evangelio refiere la huida de la Sagrada Familia a Egipto. Se pusieron en camino porque José recibió de un ángel el aviso para que huyeran, pues Herodes quería matar al niño. Entonces José, junto con María y el niño, huyeron a Egipto. Al morir el rey, volvieron a la tierra de Israel, y se dirigieron a Nazaret, para que se cumplieran en el niño lo que anunciaban las Sagradas Escrituras.

José Fernández Lago