“Una vez apliqué una unción de enfermos en quirófano”

Zacarías López lleva nueve años como capellán en el CHUS // Ha asistido a reconciliaciones familiares, a un casamiento y ha ayudado a tomar decisiones vitales a enfermos indecisos // Afirma que durante el otoño y al inicio de la primavera aumenta la cifra de fallecimientos // Cuatro capellanes cubren los servicios religiosos durante 24 horas todos los días del año // Otros tres trabajan en el Provincial de Conxo y el Psiquiátrico

Zaracías López Martínez es uno de los cuatro capellanes que se encargan de prestar servicios religiosos y de acompañamiento en el Hospital Clínico compostelano (CHUS) y el Gil Casares. Ellos establecen sus turnos para cubrir las 24 horas del todos los días de la semana. Hay otros tres capellanes que trabajan en el Provincial de Conxo (2) y el Siquiátrico (1), aunque estos no están a tiempo completo. “La gerencia nos da flexibilidad. En nuestro caso uno de mis compañeros no hace parroquias. Es quien cubre festivos y fines de semana”, explica a elcorreogallego.es en el interior de la pequeña sacristía anexa a la capilla del Clínico compostelano. Lleva nueve años en este servicio. “Cuando estamos de guardia es similar a un médico y debemos presentarnos en donde se nos requiera en un margen de quince a veinte minutos”.

Según informan desde el servicio pastoral de la salud del arzobispado de Santiago, la regulación de las actividades religiosas en los espacios públicos sanitarios se enmarca bajo dos normas principales, el Tratado Internacional que firmó España con la Santa Sede en 1985 y en un acuerdo más específico entre la Xunta y el Sergas en 1995. “Nuestra función en el día a día es relacionarse con todo el personal, tanto sanitario como de otro tipo. Intentamos humanizar el mundo de la salud”, recuerda Zacarías.

A esta actividad natural y rutinaria hay que sumarle la tarea de lo que llama el “acompañamiento”. “Nos suelen avisar médicos que detectan alguna inquietud religiosa o las familias. Damos la comunión o aplicamos la unción de enfermos”, describe. Pero lo habitual es hacer visitas. “Acudimos a ver a enfermos con los que tenemos trato, bien porque pertenecen a nuestra parroquia o porque conocemos a la familia”, especifica. El clérigo explica que no siempre hay una necesidad religiosa en las visitas a los enfermos. “Nosotros hablamos y damos apoyo en la medida de nuestras posibilidades. La fe no se impone, se propone, por lo que podemos entablar relaciones con cualquier persona, independientemente de su confesión religiosa. Si desea algún tipo de acto religioso, nos lo piden”. El sacerdote explica que no hay ningún problema en que se sea o no practicante. “Lo espiritual y lo humano va mucho más allá que la religión. Hay población que es creyente y que quiere sentirse acompañado cuando pierde la salud. Es importante que se tenga derecho a que ese acompañamiento se haga. La propia OMS dice que la salud no es sólo ausencia de enfermedad, implica estar bien interiormente, psicológicamente y en lo social”.

El capellán de un hospital, a su pesar, es una figura muy ligada a la muerte. “Durante ese momento, el del final de la vida, emergen en las personas multitud de inquietudes, dudas y cuestiones que nosotros escuchamos. Tratamos de ayudar”, relata. “Además del hecho religioso, de lo que se trata es de estar en lo espiritual, de prestar apoyo psicológico”. Ha ayudado a personas a decidirse a firmar papeles para pruebas médicas con riesgo. “Quieren desahogarse y dejar claras su últimas voluntades”. Cuenta que es un privilegio que el enfermo le permita estar a su lado en el momento final. “He sido intermediador de familias que estaban enfrentadas. Recuerdo un caso de un enfermo que cerró su ciclo vital reconciliándose en las últimas horas con sus parientes directos”. Pero las dos actividades que más recuerdos le traen son aquel día en que fue llamado a quirófano y un enlace matrimonial. “Sólo me ocurrió una vez, y espero que nunca más. Apliqué una unción de enfermos en plena operación. Me llamó la familia”, comenta. También rememora con alegría la boda de urgencia que tuvo que oficiar en una de las habitaciones. “A uno de los miembros de la pareja se le diagnosticó una enfermedad que podía tener un final en muerte y se agilizó todo el papeleo. No es el lugar ideal, pero los casé. Fue hace años. Afortunadamente, siguen felizmente casados”.

Describe también aquel fatídico día del accidente de Angrois el 24 de julio de 2013. “Se presentaron aquí todos mis compañeros, además de multitud personal del hospital que no estaba de guardia. No era un día para hablar. La gente quería conocer cómo estaban sus familiares, si estaban vivos. Eso era lo importante. Como podemos acceder a determinados espacios restringidos ayudamos a localizar a gente. Tratamos de estorbar lo menos posible. Mis colegas acudieron a ayudar a San Lázaro, en donde se reunieron muchas familias afectadas”.

Reconoce que es duro ver morir. “Tienes que tratar de no familiarizarte mucho”. El pastor explica que su actividad en el hospital crece en determinadas épocas del año. “En otoño, en la dureza del invierno y al inicio de primavera aumentan los fallecimientos. Es la propia naturaleza del ser humano”. El religioso afirma que estadísticamente, por la propia actividad de entierros en sus parroquias, saben que se producen más decesos en esos cambios de estación. “La muerte y caída de la hoja, el impulso de la actividad en primavera influyen en el desenlace final”, recalca.

El capellán habla de la importancia del respeto en las relaciones con las confesiones religiosas. “Nuestra sociedad es mayoritariamente católica, pero eso no implica que en un espacio como este no pueda haber hueco para otras religiones. Si hay algún problema es por cuestiones rituales y de representación de símbolos que hacen complicado compartir espacios. Nosotros, por ejemplo, tenemos el sagrario. Lo importante es el respeto”. Además de la propia actividad con enfermos, él y sus compañeros realizan diariamente una misa a las 18:30 horas. Durante los domingos y festivos se celebra por la mañana (10:30 horas). “Hay afluencia. Los domingos está lleno y diariamente se cubre hasta la mitad del aforo”, puntualiza. “Aquí acude, obviamente, mucha gente de paso, personal del hospital y enfermos”. La pequeña capilla del Clínico se encuentra discretamente  en el edificio principal, en un pasillo la izquierda del mostrador de seguridad, muy cerca de la entrada. Ante la puerta algunos símbolos católicos, papeles informativos con mensajes bíblicos y horarios. Al abandonar la sacristía cerca de una veintena de personas aguardan sentadas el inicio del oficio religioso de la tarde.

Fuente: El Correo Gallego | JUANJO EIREOS SANTIAGO
Fotos: J.E.