«Simón, hijo de Juan, ¿me amas?».

¿Me amas? Pon tu nombre: ……………  Escucha cómo Jesús hoy te dice: “……………., ¿me amas…?”. ¿Me amas…? Todo un Dios mendigando tu amor, mendigando mi amor. Cierra tus ojos y deja que esta pregunta llegue a lo más profundo de tu ser… y te transforme totalmente…  Ven, Espíritu Santo, llénanos de la certeza del Amor de Dios. Abrasa nuestra vida con este Amor. Y pon en lo profundo de nuestras almas la semilla de las palabras de Jesús, con todo lo que eso significa: «Sígueme».

Religiosas ConcepcionistasVen, Espíritu (Secuencia de Pentecostés)  https://youtu.be/xViuIAMPPX4

Elena Fernández Andrés · https://twitter.com/poverellacm

 

Buceamos, hoy viernes, en el don de piedad. Al igual que los anteriores, también tiene pareja, con su mismo nombre: la virtud de la piedad y el don de piedad.  El don viene a potenciar y elevar a la virtud hasta ver a Dios como Padre de todas las cosas. Al Padre se llega a través de Jesucristo muerto, resucitado y elevado al Cielo, que nos envía el Espíritu. Sin el Espíritu Santo podemos llegar a ser personas piadosas. Se escucha a veces: «Le tira mucho ir a Misa; siempre le gustaron las cosas de la Iglesia». Pero hay un salto, un impulso que viene del Espíritu Santo: experimentar profundamente que somos hijos amados de Dios. Y nuestra oración comienza a beber de esa fuente filial, de la misma que bebía Jesús. Él nos ha dicho: «Mi Padre del Cielo os dará cuanto necesitéis. Ni un solo cabello de vuestra cabeza se os cae sin que mi Padre se dé cuenta» (Lc 21, 18). El Padre de Jesús… ¡es mi Padre!

Vemos hoy muchas veces los templos convertidos en museos (y algunos lo son por el valor de sus obras artísticas); pero los creyentes pasean por los templos como turistas, y no como hombres y mujeres de Fe. La piedad de los padres es un don incalculable para los hijos que están rodeados de increencia. La imagen de un padre o una madre orando es algo poderoso para un hijo, porque le permite tocar la transcendencia: Dios existe, es mi Padre y me dirijo a Él con confianza. Algún día, este hijo le pedirá a su padre que rece por él, porque está ante una prueba. A lo largo de la vida, el don de piedad se convierte en fuente y en meta del camino.

Venimos de Ti y vamos hacia Ti… ¡Ven, Espíritu Santo! ¡Aumenta nuestra confianza en Ti!

Montse de Javier · Comunidade Caná