Voces de esperanza en Pontevedra

Las feligresías efectúan el reparto de alimentos a través de un número mínimo de voluntarios para evitar contagios. Los sacerdotes mantienen el contacto con los fieles a través del teléfono y de las redes sociales

Con la mayoría de las iglesias cerradas para frenar el avance del Covid-19 y evitar que los feligreses puedan resultar infectados por el nuevo virus que ha ocasionado la pandemia, las parroquias de Pontevedra están haciendo un esfuerzo para seguir prestando a través de sus Cáritas la ayuda que demandan las familias necesitadas.

La parroquia de Campolongo efectúa el reparto quincenal de alimentos adoptando las medidas de precaución impuestas por el Gobierno central. «Por ahora no se aprecia la diferencia en la demanda de alimentos en relación a la situación que se registraba antes del estado de alarma decretado por coronavirus. Por ahora no ha habido peticiones nuevas», explica Casimiro Fernández, el sacerdote que dirige la entidad parroquial. En todo caso, pronostica que el número de personas que demandan productos alimenticios aumentará en cuanto finalice la actual situación de confinamiento de la población (la medida, en principio, permanecerá vigente hasta el 11 de abril, Domingo de Pascua). «En estos momentos no es fácil efectuar las gestiones para pedir los productos y, además, la gente aún está tirando de las reservas que tienen en su despensa en estos primeros días encerrados en casa», subraya el religioso.

Casimiro Fernández continúa con su labor de atención pastoral atendiendo llamadas telefónicas de feligreses que le solicitan la visita al domicilio de personas enfermas y que realiza «en la medida de lo posible». «Tengo el teléfono de la parroquia desviado a mi móvil», apostilla.

También el párroco de San Martín de Salcedo, Jesús Niño, está pendiente del teléfono por si tiene que resolver alguna contingencia de índole pastoral, como una confesión, la impartición de los sacramentos o acudir a un entierro, pero sin funeral y solo con los familiares más cercanos de la persona fallecida. «Vamos al tanatorio, donde rezamos una oración, acompañamos el cadáver hasta el cementerio –donde rezamos otra oración– y se finaliza el acto fúnebre», aclara.

En San Bartolomé, con la iglesia cerrada al culto, el párroco Raúl Lage Radío está pendiente del teléfono móvil por si tiene que atender a alguna persona que se encuentre sola y que necesite recibir asistencia espiritual, o tener que visitar a enfermos a su domicilio para llevarles la Comunión.

Cáritas de San Bartolomé sigue repartiendo alimentos todos los miércoles en el Centro Pastoral a través de su presidenta y del monaguillo de la parroquia que se ofreció voluntario para colaborar en esta labor. «Cuanta menos gente haya mucho mejor porque la mayoría de las personas colaboradoras de la parroquia somos mayores y pertenecemos al grupo de riesgo que puede resultar infectados por coronavirus», señalan fuentes de la feligresía. «Incluso en estos días no solo repartimos alimentos sino que incluso hemos encargado una bombona de butano para una familia que la necesitaba».

La parroquia del Buen Pastor de Monte Porreiro indica que continúa repartiendo –»non sen atrancos»– alimentos a las familias que carecen de recursos económicos o que son muy limitados. Entrega leche y algún que otro complemento alimenticio de primera necesidad, adoptando las medidas de prevención dictadas por las autoridades sanitarias que gestionan la crisis del Covid-19. La feligresía recuerda que la recogida de los alimentos debe realizarse con mascarilla (y en su caso un pañuelo para taparse la boca) y guantes.

Aunque la mayoría de las iglesias de Pontevedra han optado por cerrar sus puertas, Santa María la Mayor decidió mantener abierta la Basílica y oficiar misas privadas (sin llamar a los fieles con toques de campana), entre ellas la dominical, a la que asistió una decena de devotos.

 

Fuente: Diario de Pontevedra