26 ABR | Domingo del Buen Pastor

La Iglesia Católica conmemora este domingo la festividad del Buen Pastor, una cita litúrgica que coincide cada año con el cuarto domingo de Pascua y que ocupa un lugar destacado en el calendario eclesial. La jornada se une a la celebración de la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, un día especialmente significativo para quienes ejercen el ministerio sacerdotal, desde el Papa y los obispos hasta los presbíteros.

Con motivo de esta celebración, los sacerdotes han expresado su deseo de ser acompañados espiritualmente por los fieles, invitando a la comunidad a tenerlos presentes en la oración. Subrayan que esta fecha ofrece una ocasión propicia para reconocer su labor cotidiana, muchas veces discreta y sostenida en el tiempo.

La figura del Buen Pastor, profundamente arraigada en la tradición cristiana, remite a la imagen bíblica de un pastor que conoce a cada una de sus ovejas, las conduce con cuidado y no duda en protegerlas incluso a costa de sí mismo. En el contexto actual, esta representación se interpreta como un recordatorio del modo en que debe ejercerse el sacerdocio: desde la cercanía, el servicio y la entrega, más que desde el poder.

La Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones añade a la celebración un componente pastoral y comunitario. En parroquias y diócesis de todo el mundo se anima a los jóvenes a reflexionar sobre su futuro y a considerar la posibilidad de una vida dedicada al servicio eclesial, ya sea en el sacerdocio, en la vida consagrada o en el compromiso laical.

La jornada también busca sostener a quienes ya han respondido a esta llamada, pidiendo por su perseverancia y por la alegría en su misión.

La festividad pone de relieve el papel del pastor dentro de la comunidad cristiana, entendido como un acompañante que escucha, orienta y ofrece apoyo en los momentos de dificultad. La tradición subraya que el Buen Pastor es aquel que permanece atento a las necesidades de su pueblo, lo protege ante las adversidades y lo guía hacia horizontes de esperanza.

Con esta celebración, la Iglesia renueva su compromiso de ser un espacio de acogida y cercanía, donde cada persona pueda sentirse acompañada y valorada, siguiendo el modelo de un pastor que no abandona a ninguno de los suyos.