Santos catacumbales en nuestra Archidiócesis: San Justo, mártir

El 18 de marzo de 1831 se extrajo de las catacumbas de San Hipólito de Roma el cuerpo de un mártir, identificado con esta categoría por el vas sanguinis, y que fue nominado como “San Justo”, ya que parece que el enterramiento no contaba con lápida ni fuente epigráfica alguna. El papa Gregorio XVI ofreció estas reliquias al Cardenal Zurla, que a su vez entregaría el cuerpo al cura párroco de Santa María de Bemil, en la Archidiócesis de Santiago de Compostela, don Andrés Antonio Botana y Ulloa. La auténtica fue firmada en Roma el 18 de abril de ese año, con la siguiente aclaración directa, fuera del formalismo habitual del documento: “SACRUM CORPUS S. IUSTI M. EXTRACTUM PER NOS DE MANDATO SS.D.N. GREGORII PP. XVI DIE 28 MARTII 1831 EX CAEMENTERIS S. HIPPOLYTI IN VIA TIBURTINA CUM VASULO SAGUINE TINTO”.

Conducidas por medio de otro clérigo, fray Rafael de Vélez, Arzobispo de Santiago, mediante un auto firmado el 17 de mayo de 1832 mandó que se pasasen a reconocer los restos en cuestión, tarea desempeñada por don Vicente Miranda y otros testigos dignos de mérito. Luego de afirmar la veracidad de las reliquias, el mismo prelado concedió 80 días de indulgencia para aquellos fieles que rezasen un Padrenuestro y Avemaría delante de San Justo, a los que se sumaron otros 40 días de perdón otorgados por fray Manuel María de Sanlúcar, Obispo Auxiliar de Santiago, y otros 100 concedidos por el Arzobispo Payá y Rico. Al poco tiempo de instalar sus restos, la devoción al Santo creció de forma sobresaliente en la propia feligresía y en las demás parroquias circundantes; así, en 1867 se juntaron 1114 reales de limosnas. Para que nos hagamos una idea del valor de la moneda, por aquellos mismos años con 6000 reales se podía hacer un retablo mayor completo, y de buenas dimensiones. Para difundir aún más su devoción, Mayer hizo una plancha para imprimir estampas con la imagen yacente del Santo, anunciando que las romerías en honor de San Justo eran el primer domingo de mayo y el domingo siguiente al 15 de agosto.

Sin embargo, para evitar confusiones, el párroco de turno hizo una anotación en el archivo informando que el Santo cuyo cuerpo descansa en Bemil no era el hermano de San Pastor, sino “natural de Roma, hijo de padres gentiles y educado en la gentilidad, y sirviendo el ejército del emperador Numeriano, se le apareció la cruz del Salvador, y dejando la idolatría pidió el Sagrado Bautismo”. Después de su conversión, el Prefecto Claudio Tribuno mandó encarcelar a Justo, luego azotarlo, someterlo a las llamas y, finalmente, fue decapitado. Siguiendo los escasos y vagos datos aportados, la vida de este mártir hay que situarla alrededor del 280. Actualmente los restos se hallan dentro de una figura yacente, vestida a la romana, situada bajo el altar de la misma iglesia, como nos ilustra la fotografía tomada de internet.

Luis Ángel Bermúdez Fernández