El Consejo Diocesano de Pastoral de Santiago se reunió este sábado, 24 de octubre, en el Salón Peregrino de la Hospedería de San Martín Pinario, en una sesión presidida por el arzobispo, monseñor Francisco José Prieto Fernández. La aplicación del proceso sinodal, la constitución de consejos pastorales en los arciprestazgos y la preparación del Año Santo Compostelano 2027 centraron una jornada que abordó también la próxima Asamblea Diocesana de Pastoral.
Participaron el vicario general, José Andrés Fernández Farto; el vicario de Pastoral, Javier Porro; vicarios territoriales y representantes de arciprestazgos, delegaciones, movimientos, congregaciones religiosas y laicos.
Una fe que sale al encuentro.
El arzobispo de Santiago, monseñor Francisco José Prieto Fernández, abrió las intervenciones de la jornada con una reflexión sobre el Plan Pastoral 2026-2029. A partir de su lema, «Salió el sembrador a sembrar su semilla», recordó que anunciar el Evangelio exige acercarse a la vida cotidiana de las parroquias, los pueblos, los barrios y las familias. Una tarea que supone acompañar a quienes participan en las comunidades y salir al encuentro de quienes se han alejado o todavía no han descubierto la fe.
El arzobispo reconoció las dificultades de esa tarea: los problemas para transmitir la fe, la escasez de vocaciones, el envejecimiento de muchas parroquias y el cansancio de quienes sostienen su actividad. Junto a ellas, señaló también la disponibilidad para servir, las búsquedas sinceras y los pequeños signos de renovación que merecen ser reconocidos y acompañados.
«Evaluar el camino recorrido pide una mirada creyente», afirmó el arzobispo. En este sentido, destacó que esa evaluación supone preguntarse si las comunidades ayudan a encontrarse con Jesucristo, acompañan a quienes atraviesan dificultades, acogen a quienes llegan por primera vez y se organizan al servicio de la misión.
Escuchar para caminar juntos.
El arzobispo defendió una Iglesia en la que sacerdotes, personas consagradas y laicos compartan responsabilidades, desde la llamada que todos reciben en el bautismo. Cada vocación, señaló, tiene algo propio que aportar y se enriquece con las demás. Esa es también la razón de ser del Consejo Diocesano de Pastoral: llevar las preocupaciones y esperanzas de las comunidades a la reflexión sobre el rumbo de la diócesis.
«Necesito escucharos», afirmó ante los miembros del Consejo, a quienes expresó su voluntad de contar con sus aportaciones y su experiencia para guiar la diócesis. Escuchar, explicó, exige dedicar tiempo al otro, intentar comprenderlo y reconocer que una mirada distinta puede ayudar a entender mejor la realidad. «La confianza para hablar y la disposición para escuchar» son, subrayó, las condiciones para que este órgano contribuya de verdad a la vida diocesana.
La oración y la Palabra de Dios, añadió, deben orientar ese discernimiento: ayudar a reconocer qué decisiones necesitan tiempo, qué iniciativas conviene revisar y qué pasos pueden darse ya. El arzobispo animó a trasladar esta forma de trabajar a los consejos pastorales, los equipos parroquiales, las unidades pastorales y los arciprestazgos, para preparar juntos las actividades y valorar después cómo se han desarrollado.
Insistió también en mantener un vínculo cercano entre el Consejo y las comunidades a las que representa: una relación de ida y vuelta que permita llevar sus experiencias y preocupaciones a la reflexión diocesana y compartir con ellas las propuestas que surjan de ese trabajo.
El Año Santo empieza en las comunidades.
El Año Santo Compostelano 2027 ocupó el segundo gran eje de las palabras del arzobispo. A partir de la experiencia de los Magos recogida en su carta pastoral, «Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría», invitó a renovar la alegría de creer, de saberse amados por Dios y de compartir la fe.
Mons. Prieto tuvo presentes tanto a los cristianos que perseveran en silencio y sienten el peso del desánimo como a quienes se preguntan qué puede aportar la fe a su vida. Para unos y otros, presentó el Jubileo como una ocasión para acercarse y volver a Jesucristo, en quien encontrar perdón, esperanza y una alegría capaz de sostener también en las dificultades.
«Deseo que este Año Santo se viva y se celebre en las comunidades de toda nuestra Archidiócesis», expresó. Destacó que la Catedral y la peregrinación a la tumba del Apóstol serán lugares de encuentro y de comunión, pero su fruto dependerá también de la preparación en las parroquias y de la continuidad que encuentre después en ellas.
Abrir las puertas, cuidar a las personas.
El arzobispo recordó que Santiago tiene una responsabilidad especial en la acogida de los peregrinos. En este sentido, recordó que algunos llegarán con una fe viva, mientras que otros traerán preguntas, heridas o inquietudes que todavía no saben expresar. Por eso, destacó que una iglesia abierta, una celebración cuidada o alguien dispuesto a escuchar pueden dejar una huella profunda en sus vidas. Añadió que las comunidades tienen también mucho que aprender del testimonio y de la manera de recorrer el Camino de quienes llegan a Santiago.
La hospitalidad, añadió, debe alcanzar igualmente a quienes viven cerca: personas solas, familias que pasan necesidades o quienes necesitan recomponer una relación rota. Por ello, propuso que cada parroquia o comunidad discierna un compromiso de caridad vinculado a su realidad y que pueda sostener en el tiempo.
Mons. Prieto vinculó la preparación del Año Santo con una mayor corresponsabilidad en la vida de la Iglesia. «Preparar el Jubileo juntos puede ayudarnos a crecer en corresponsabilidad», afirmó, antes de animar a contar con quienes ya colaboran y a abrir espacio a las aportaciones de jóvenes, familias, personas consagradas, movimientos y delegaciones.
Finalmente, recordó que el Año Santo forma parte del Plan Pastoral e invitó a pensar en lo que debería permanecer después: una participación más consciente en las comunidades, una acogida más cercana y una mayor disposición para compartir la fe.
Compartir la tarea pastoral.
La sesión de trabajo, coordinada por el vicario de Pastoral, Javier Porro, repasó algunas de las iniciativas en marcha en la diócesis. El vicario general, José Andrés Fernández Farto, explicó los avances en la elaboración y revisión de documentos que orientan la atención pastoral. Destacó, además, la importancia de dedicar recursos y esfuerzos a la iniciación cristiana, para acompañar a niños, adolescentes y adultos en su acercamiento a la fe y su integración en la vida de la comunidad.
También se compartió la experiencia del Seminario Mayor Interdiocesano como expresión de colaboración entre diócesis, con especial atención a la formación humana y a la vida comunitaria de los futuros sacerdotes.
En relación con el proceso sinodal, se presentó el trabajo previsto para recoger experiencias de las comunidades y elaborar una memoria de los pasos dados. La reflexión puso el acento en conocer y aplicar las orientaciones del Sínodo mediante prácticas concretas de participación, transparencia, acogida y coordinación pastoral.
Uno de los debates más amplios giró en torno al borrador de estatutos de los consejos pastorales arciprestales, concebidos como un vínculo entre las parroquias, las distintas realidades eclesiales del territorio y el Consejo Diocesano. Entre sus objetivos figuran conocer las necesidades de cada zona, compartir recursos, concretar el Plan Pastoral y facilitar el trabajo con las delegaciones.
Los participantes aportaron observaciones sobre la representación de las comunidades, la elección y el compromiso de los miembros, la duración de los nombramientos y la necesidad de evitar una sobrecarga de reuniones.
14 de noviembre: una Asamblea para avanzar juntos.
La jornada abordó también la organización de la Asamblea Diocesana de Pastoral del sábado 14 de noviembre, en el Colegio La Salle de Santiago. El encuentro profundizará en la aplicación de las orientaciones sinodales, los consejos pastorales arciprestales y la presentación del nuevo Directorio diocesano para la pastoral de Iniciación y Revitalización de la Fe y la Vida Cristiana. La preparación del Año Santo y la construcción de comunidades fraternas y acogedoras, con atención a las personas migrantes, completarán sus contenidos.
La acogida comenzará a las 9.30 horas y la jornada concluirá con una eucaristía presidida por el arzobispo, a las 17.00 horas, en la iglesia de San Agustín. Están invitados sacerdotes, diáconos, religiosos, personas consagradas y laicos implicados en la pastoral. Las inscripciones deberán realizarse antes del lunes 9 de noviembre, preferentemente a través de los arciprestes y vicearciprestes, mediante el correo vicariapastoral@archicompostela.org o el formulario de la Asamblea.








