La entretela | EL ÁMBITO LABORAL, Magnifica Humanitas 8

Voy a detenerme en el capítulo IV de la encíclica MH, en el apartado dedicado al trabajo y que empieza con estas palabras “ Desde el nacimiento de la Doctrina social, con la Rerum novarum, la Iglesia ha llamado la atención sobre la protección de los trabajadores y la necesidad de combatir toda forma de explotación Pero, sobre todo, el Magisterio ha reconocido en el trabajo «la clave esencial» para comprender la cuestión social en su totalidad, ya que a través de él la persona desarrolla muchas dimensiones de su propia existencia”

En este mes de octubre el Papa no ha parado y, entre sus encuentros, han estado las asociaciones de trabajadores del Vaticano, por cierto, una de ellas denominada “Mujeres en el Vaticano”. Con ellos ha desgranado sus propuestas de trabajo digno, dedicando especial atención a Magnifica humanitas cuando expresa que “es deseable que la tecnología libere al hombre de trabajos especialmente pesados, repetitivos o peligrosos y que ofrezca un apoyo inteligente a la actividad humana, pero la norma general debe seguir siendo la protección de los puestos de trabajo y del papel insustituible de la persona. El objetivo de obtener mayores beneficios no puede justificar decisiones que sacrifiquen sistemáticamente el empleo, porque la persona humana es un fin y no un medio, y el orden económico debe permanecer subordinado a su dignidad y al bien común.”, por ello, el discurso destaca:

-La centralidad insustituible de la persona humana.

-La dignidad inalienable del trabajo, que acrecienta la dignidad de nuestra vida.

-El trabajo como contribución al progreso de la sociedad y a la construcción del bien común.

No podemos obviar que se dirige a una “comunidad eclesial” que tiene que estar fundada en la unidad, y a la que presenta y reclama como un grupo que “Con igual dignidad, todos contribuyen, cada uno desde su función y con su compromiso laboral, a la misma misión, manifestando esta conciencia y responsabilidad ante todo «en la escrupulosa fidelidad a todas las tareas y deberes encomendados, así como en el celo, la laboriosidad y la profesionalidad que deben distinguir a cuantos participan en las actividades de la misma Sede Apostólica»”

Pero es importante tener en cuenta el final del discurso en el que manifiesta que “Recorriendo juntos este camino, nos comprometeremos a construir cada vez más una comunidad de trabajo donde las personas no sean utilizadas ni pasadas por encima, donde nos ayudemos mutuamente, se reconozca a cada uno su propio valor y competencia, evitando generar insatisfacciones y rencores.”

Extrapolando esto, a nuestro ámbito laboral, podemos contribuir a crear comunidades en las que atendamos a la igual dignidad de todos los que trabajamos con un fin concreto, con fidelidad a las tareas encomendadas.

También propone el Papa apoyar el diálogo social y exigir responsabilidad del Estado para que tome medidas centradas en “políticas laborales que favorezcan la continuidad y la calidad del empleo, combatiendo la precariedad como condición normal de vida y promoviendo itinerarios realistas de acceso y desarrollo profesional. En segundo lugar, se necesitan medidas que garanticen ritmos humanos: sin un equilibrio entre trabajo, servicios y descanso, la familia se debilita y a los jóvenes les cuesta madurar el sentido de responsabilidad. Además, es fundamental invertir en formación y capacitación profesional accesibles, para que la movilidad profesional que exige la economía digital no se convierta en una- selección cruel entre quienes pueden actualizarse y quienes no. Por último, hay que apoyar los vínculos sociales: redes y comunidades educativas que acompañen las elecciones de vida e impidan que la incertidumbre genere soledad y dependencias.”

También es este punto, tomar conciencia del carácter comunitario del ámbito laboral, pueden permitirnos sortear las babeles y reconstruir las murallas de Jerusalén, que fueron las dos citas bíblicas sobre las que el Papa ha querido que pensemos a lo largo de la lectura de su encíclica.

María Puy