A Coruña vive con solemnidad el Viernes de Dolores, anticipo de la Semana Santa

  • La iglesia de San Nicolás acogió una multitudinaria Eucaristía presidida por el arzobispo de Santiago, mons. Francisco José Prieto Fernández.
  • La procesión por el casco histórico reafirmó el arraigo de una devoción centenaria.

A Coruña vivió este Viernes de Dolores una de las jornadas más significativas de su calendario religioso, marcada por la profunda devoción a la Virgen de los Dolores. La ciudad se volcó en una celebración que combinó la espiritualidad de la liturgia con la tradición popular, reflejando el fuerte vínculo de los coruñeses con una festividad que forma parte esencial de su identidad cultural.

iA las 18:00 horas, la iglesia de San Nicolás se llenó de fieles que acudieron a la Eucaristía presidida por el arzobispo de Santiago, monseñor Francisco José Prieto Fernández. La celebración, marcada por el recogimiento, centró la jornada al reunir a autoridades, cofradías y un amplio número de fieles.

Durante su homilía, el arzobispo centró su mensaje en la figura de María al pie de la cruz, destacando su ejemplo de fortaleza y fidelidad.

El prelado hizo un recorrido por la vida de María, desde la Anunciación hasta el Calvario, poniendo en valor su confianza y entrega. Asimismo, invitó a los fieles a trasladar ese ejemplo a la vida cotidiana, especialmente en el ámbito familiar y comunitario.

El mensaje del arzobispo adquirió un fuerte carácter social, recordando a los fieles la responsabilidad de cuidar la vida “desde el que nace hasta el que está a punto de morir” y de no permanecer indiferentes ante quienes atraviesan dificultades. Subrayó la importancia de una presencia cercana, activa y comprometida para sostener y acompañar a quienes sufren en la vida cotidiana.

La jornada concluyó con la salida procesional de la Virgen de los Dolores. A las 20:00 horas, la imagen partió desde el atrio de la iglesia de San Nicolás, iniciando un recorrido solemne por algunas de las calles más emblemáticas de la ciudad, como Bailén, Riego de Agua, la avenida de la Marina, el Obelisco y la calle Real, hasta regresar nuevamente al punto de partida, en una manifestación pública de fe que volvió a reunir a numerosos coruñeses.