A Pobra do Caramiñal rinde homenaje y agradece el compromiso educativo y pastoral de las Misioneras del Divino Maestro

  • La comunidad educativa y las instituciones reconocen más de cuatro décadas de compromiso con la formación y los valores cristianos.
  • La Fundación Educativa Ultreia asume la gestión de los centros para dar continuidad al proyecto educativo.
  • El arzobispo destaca la educación como “una misión compartida” y apela a una gran alianza educativa inspirada por el Papa León.

A Pobra do Caramiñal vivió este lunes una jornada de profundo reconocimiento a las Misioneras del Divino Maestro por su extensa trayectoria educativa y pastoral en el municipio, coincidiendo con el inicio de una nueva etapa en la que la Fundación Educativa Ultreia asume la gestión de la escuela infantil Montecarmelo y del centro de formación profesional vinculados a la Archidiócesis de Santiago.

Los actos comenzaron con una Eucaristía de acción de gracias en la iglesia de Santiago de Deán, presidida por el arzobispo de Santiago de Compostela, mons. Francisco José Prieto Fernández, y concelebrada por el canónigo de la Catedral Daniel Lorenzo. Posteriormente, el Teatro Elma acogió un multitudinario acto institucional en el que participaron religiosas de la congregación, representantes de la comunidad educativa, antiguos alumnos, familias, autoridades y vecinos.

La jornada sirvió para poner en valor el legado de las Misioneras del Divino Maestro en A Pobra do Caramiñal, donde durante más de cuatro décadas desarrollaron una intensa labor educativa, social y evangelizadora, especialmente a través de estos centros educativos impulsados en su origen gracias a la iniciativa de Carmela Arias y Díaz de Rábago.

Aunque la titularidad de los centros pertenecía desde el inicio a la diócesis, la dirección pedagógica fue confiada a las religiosas, que implantaron un modelo educativo basado en la cercanía, la formación integral y la transmisión de valores cristianos.

Durante su homilía, el prelado destacó el papel de las religiosas en la formación humana y espiritual de generaciones enteras de alumnos y subrayó que la misión educativa de la Iglesia “es siempre mayor y más grande que sus formas concretas”. Lo hizo ante una iglesia repleta de fieles y miembros de la comunidad educativa, entre los que se encontraban religiosas de las Misioneras del Divino Maestro, profesorado y personal de los centros, antiguos alumnos, familias, así como autoridades locales y representantes de la vida parroquial y diocesana.

El arzobispo apeló a la responsabilidad compartida de toda la sociedad en el ámbito educativo: “La educación cristiana no puede reducirse a una cuestión técnica o administrativa; educar es participar en esa obra paciente de Dios que va formando el corazón humano”.

En este contexto, mons. Prieto Fernández hizo referencia a la primera encíclica del Papa León XIV, “Magnifica Humanitas”, presentada precisamente esa misma jornada, y destacó que el pontífice dedica varios apartados a la necesidad de impulsar una “alianza educativa” entre familias, Iglesia, instituciones públicas y comunidad educativa. En este sentido, el el arzobispo defendió una «formación integral capaz de transmitir sabiduría, humanidad y fe”.

Ya en el acto institucional celebrado en el Teatro Elma, el arzobispo volvió a insistir en la destacar la educación como tarea colectiva y explicó el sentido de la Fundación Educativa Ultreia, creada por la Archidiócesis de Santiago para coordinar y fortalecer los centros educativos vinculados a la diócesis.

Uno de los momentos más emotivos de la jornada llegó con la intervención del escritor y antiguo alumno Manuel Gago, quien evocó sus años en Montecarmelo y agradeció a las religiosas haber enseñado “mucho más que conocimientos académicos”.

Gago recordó la profunda transformación social vivida en A Pobra do Caramiñal desde finales de los años setenta y destacó el papel del centro educativo en aquel contexto de cambio. También dedicó unas palabras a la figura de la Condesa de Fenosa, a quien definió como “una figura fundamental para A Pobra y para Galicia”.

La hermana Fuensanta, superiora de las Misioneras del Divino Maestro en España, expresó el agradecimiento de la congregación por el reconocimiento recibido y destacó que la presencia de las religiosas en A Pobra “ha sido nuestro hogar, nuestra misión y nuestro desvelo durante más de 40 años”.

“Lo hacemos con el corazón lleno de gratitud y esperanza”, afirmó, subrayando que la Fundación Educativa Ultreia continuará desarrollando una labor basada en “la excelencia humana y la formación cristiana”.

También intervino la hermana Elisa Albacete, última directora general del centro, quien recordó el crecimiento de la formación profesional y el impulso de programas educativos como Erasmus. “Aquí aprendí el verdadero significado de la vocación docente”, señaló emocionada.

La comunidad educativa quiso asimismo reconocer la labor desarrollada por docentes, personal no docente y religiosas a lo largo de décadas. Durante el acto se entregaron diversos obsequios y reconocimientos, en un ambiente marcado por la emoción y el agradecimiento.

La música tuvo también un papel destacado con la actuación de la Coral Abrente, que interpretó varias piezas vinculadas a la educación, el cuidado y el trabajo comunitario.

El cierre institucional corrió a cargo del alcalde de A Pobra do Caramiñal, José Carlos Vidal Suárez, quien destacó la “huella profunda” dejada por las Misioneras del Divino Maestro en la localidad.

“Habéis sembrado mucho más que enseñanza; habéis sembrado valores, dignidad, cercanía y amor por las personas”, afirmó el regidor, quien agradeció a la congregación su compromiso constante con la educación y con la vida social del municipio.

Durante toda la jornada estuvo presente el director gerente de la Fundación Educativa Ultreia, José Ramón Amor Pan, acompañando discretamente los distintos momentos de la celebración, tanto en la eucaristía como en el acto institucional. Su presencia se integró en el desarrollo de un día marcado por la memoria agradecida y la continuidad de un proyecto educativo que sigue avanzando, en el que el testigo de una historia compartida se proyecta hacia el futuro con vocación de permanencia y servicio.