Más de un centenar de fieles devotos de las parroquias de la ciudad herculina y del área metropolitana se dieron cita en el Carmelo de Eirís para venerar gozosamente a María bajo la advocación de nuestra Señora del Carmen.
Concelebrada por un grupo de sacerdotes, presidió la celebración de la Eucaristía el arzobispo emérito, D. Julián Barrio.
En la homilía nos recordó que Cristo nos ha dado a María como Madre y que ese regalo de gracia ha de llevarnos a vivir siendo conscientes de nuestras obligaciones de hijos; que los cristianos estamos llamados a vivir la pasión por Dios, la pasión por el hombre, la pasión por la verdad y, así, dar esperanza a nuestros contemporáneos.
Señaló también que todos los momentos de nuestra vida hemos de vivirlos configurados en relación con la eternidad, construyendo la ciudad siempre inacabada de un mundo mejor, protegiendo la dignidad de la persona, promoviendo la justicia, haciendo posible la fraternidad.
Sin duda, la devoción a María, Madre de la Gracia, nos ha de llevar a ser como ella: dóciles a la acción del Espíritu, personas de la escucha y del silencio, hombres y mujeres de esperanza.
El arzobispo oró para que “María, escala del paraíso, por quien bajó Dios del cielo a la tierra, sea nuestro socorro para subir desde la llanura de nuestra mediocridad al monte de la perfección que es Cristo”.
Finalizada la ceremonia tuvo lugar la imposición del escapulario del Carmen a quienes lo solicitaron.
Susana Doval








