La parroquia de Tordoia celebró las confirmaciones de un grupo de jóvenes en una eucaristía presidida por el arzobispo de Santiago, monseñor Francisco José Prieto Fernández. Acompañados por sus familias, catequistas y la comunidad parroquial, los confirmandos recibieron el sacramento con una invitación a vivir la fe como una decisión libre y a expresarla en el cuidado de quienes tienen cerca.
El arzobispo agradeció la labor de quienes los acompañaron durante su preparación y recordó que la confirmación no supone un punto final. La celebración, explicó, forma parte de un camino que continúa en la comunidad, donde los jóvenes tienen un lugar propio y una responsabilidad que asumir.
La parábola del banquete de bodas sirvió de hilo conductor a una homilía centrada en la llamada de Dios, la respuesta personal y la coherencia entre la fe y la vida. Mons. Prieto invitó a los confirmandos a comprender su presencia en la celebración como algo que va más allá de una costumbre familiar o de un trámite. Ser cristiano, señaló, implica descubrirse amado por Dios y responder a esa relación con libertad.
En este sentido, explicó que Dios no irrumpe por la fuerza en la vida de las personas, sino que espera a que cada una le abra la puerta. Trasladó así a los jóvenes la importancia de hacer suya la fe que han recibido, para que no quede reducida a una rutina o al cumplimiento de una obligación.
Mons. Prieto animó además a los jóvenes a no avergonzarse de sus creencias. Frente al temor a mostrar la fe ante los compañeros, puso el acento en la necesidad de revisar la indiferencia y el egoísmo, y de aprender a vivir con un corazón dispuesto a servir.
La homilía llevó ese compromiso a situaciones cercanas: acompañar a un compañero que atraviesa un mal momento, preguntar a los padres cómo están o interesarse de verdad por las preocupaciones de otra persona. Gestos sencillos que, subrayó, requieren escuchar y estar disponibles.






