Bajo un cielo despejado, la parroquia de Santiago de Arteixo vivió este sábado una de las jornadas más significativas de su calendario litúrgico: la festividad del Corpus Christi. Fue un día marcado por la fe viva, la tradición arraigada y el compromiso de la comunidad.
A las 13:00 horas, la iglesia de Santiago abrió sus puertas para acoger la misa solemne del Corpus, presidida por Miguel López Varela, delegado diocesano de Catequesis, y concelebrada por el párroco Andrés Trinquete junto a varios sacerdotes de la comarca. El templo se llenó por completo. Feligreses, familias enteras, niños y niñas que este año recibieron su primera comunión y numerosos visitantes se congregaron en un ambiente sereno y profundamente emotivo. El Coro Adonai acompañó la celebración con sus cantos.
Durante la homilía, Miguel López Varela ofreció una reflexión cercana, didáctica y cargada de significado, en la que dirigió sus palabras principalmente a los más pequeños. Utilizó su experiencia catequética para interpelar a los niños, haciéndoles partícipes de una catequesis viva que provocó sonrisas, reflexiones y gestos de complicidad entre los asistentes. A partir de sus respuestas espontáneas, desarrolló una meditación profunda sobre el verdadero sentido del pan eucarístico: un pan que no solo se saborea con el paladar, sino sobre todo con el corazón.
El delegado diocesano explicó que ese pan representa el esfuerzo cotidiano, la entrega silenciosa, la capacidad de compartir, el perdón, la esperanza y la alegría. Invitó a todos a dejarse transformar por el gesto de comulgar y a convertirse, cada uno desde su realidad, en «pan para los demás«: personas capaces de consolar, acompañar, alimentar y dar sentido a la vida de quienes más lo necesitan. Fue una llamada a vivir la fe de manera activa, comprometida y generosa en lo cotidiano.
Tras la Eucaristía, tuvo lugar la tradicional procesión del Corpus por las calles del centro de Arteixo. Las alfombras florales convirtieron el asfalto en un tapiz efímero lleno de color, arte y devoción. Pétalos de flores, arenas tintadas y materiales naturales se combinaron para dar forma a cruces, cálices, peces y otros motivos litúrgicos que simbolizan la presencia de Cristo en la Eucaristía.






