El arzobispo de Santiago preside el último día de la Novena en honor a la Virgen de la Soledad en Santa María Salomé

  • La devoción a la Virgen de la Soledad se remonta al siglo XVII y mantiene viva una de las tradiciones religiosas más arraigadas de la ciudad
  • En su homilía, el arzobispo subraya que la soledad de María “no es vacío, sino esperanza”

La iglesia de Santa María Salomé acogió esta tarde la celebración del último día de la Novena en honor a la Virgen de la Soledad. La eucaristía estuvo presidida por el arzobispo de Santiago de Compostela, monseñor Francisco José Prieto Fernández, acompañado por fieles y miembros de la Ilustre Cofradía de la Soledad.

Durante su homilía, el arzobispo invitó a los fieles a contemplar la figura de María desde la esperanza cristiana, especialmente en el contexto del camino cuaresmal hacia la Pascua. Partiendo del Evangelio del día, que relata la curación del ciego de nacimiento, subrayó la importancia de la luz y de la fe para comprender el sentido profundo de la vida.

Monseñor Prieto destacó que la advocación de la Virgen de la Soledad no representa un vacío ni una ausencia, sino una presencia cargada de fe y confianza. “Su soledad no es vacío, sino espera, presencia y esperanza”, afirmó, al recordar a María al pie de la cruz, permaneciendo junto a su Hijo incluso en medio del dolor y del desconcierto.

El arzobispo señaló que esta actitud de María invita a los creyentes a vivir con confianza incluso en las dificultades. Asimismo, animó a los fieles a adoptar una mirada misericordiosa hacia los demás, inspirada en la actitud de la Virgen. “Necesitamos una mirada que reconcilie y que ponga luz en el corazón de las personas”, señaló, recordando que la fe cristiana debe traducirse en gestos de cercanía, compasión y fraternidad.

La hermandad, fundada en el año 1664, reúne una larga historia vinculada a la vida religiosa y social de Santiago. Entre sus primeros cofrades figuraron destacados miembros de la aristocracia compostelana, como el Conde de Ramiranes, el Marqués de Bendaña o el Marqués de Santa Cruz de Rivadulla, quienes contaban con residencias dentro del término parroquial de Santa María Salomé.