- La iglesia conmemora los 50 años de su inauguración y 6 décadas desde el inicio de su construcción.
- Monseñor Francisco José Prieto presidió la eucaristía de aniversario y animó a la comunidad a mantener vivo el legado recibido.
El Novo Templo de Sanxenxo celebró este sábado, 15 de agosto, el 50 aniversario de su inauguración, coincidiendo con la solemnidad de la Asunción de María. La conmemoración tuvo como acto central una eucaristía celebrada a las 20.00 horas y presidida por el arzobispo de Santiago, monseñor Francisco José Prieto Fernández, quien estuvo acompañado por el párroco Samuel García Tacón.
La celebración sirvió también para recordar otra fecha significativa en la historia del templo: se cumplen 60 años desde el inicio de las obras, que comenzaron en 1965. Los trabajos finalizaron en 1976, año en el que el nuevo templo abrió sus puertas y fue inaugurado.
Una arquitectura singular.
El Novo Templo es la iglesia más moderna del municipio de Sanxenxo y responde a un proyecto del arquitecto Joaquín Robles Echenique. Su diseño rompe con las formas tradicionales y presenta una planta hexagonal cubierta por un tejado en forma de pirámide escalonada.

Cada uno de los escalones de la cubierta gira con respecto al anterior, creando una estructura de marcado carácter geométrico. El acabado exterior es de pizarra y todo el edificio está construido en piedra.
La sobriedad es una de sus principales características. El exterior carece de ornamentación, mientras que en el interior destaca especialmente una gran cruz de diseño actual, que preside el espacio de culto.
Mantener viva una comunidad abierta al futuro.
Durante su homilía, monseñor Francisco José Prieto vinculó la celebración del aniversario con la trayectoria de la comunidad parroquial y con el significado de la solemnidad de la Asunción de María. El arzobispo recordó las décadas de celebraciones, oración y servicio desarrolladas en el templo y agradeció la labor de sacerdotes, catequistas, colaboradores y todas las personas que han contribuido a mantener viva la parroquia.
El arzobispo subrayó que la celebración no debía quedarse únicamente en el recuerdo de lo vivido, sino servir también para reconocer la acción de Dios a lo largo de estos años y afrontar el futuro con esperanza. «No quiere ser únicamente una memoria del pasado, una nostalgia de lo que fue», señaló. En este sentido, tomó la figura de María como referencia de una Iglesia viva, llamada a avanzar y a «ponerse en camino».
El arzobispo destacó asimismo el valor de los pequeños gestos que, a lo largo de los años, han ido construyendo la comunidad parroquial. Muchos de ellos, señaló, no han quedado registrados, pero forman parte de «una hermosa obra de la gracia de Dios» desarrollada en el seno de la parroquia.
Medio siglo de recuerdos y una responsabilidad hacia el futuro.
La conmemoración se presentó así como un punto de encuentro entre pasado, presente y futuro. Mons. Prieto Fernández recordó a quienes han formado parte de la historia del templo, desde los sacerdotes que han ejercido su ministerio hasta los catequistas, colaboradores y personas dedicadas a la acción sociocaritativa, la acogida y las distintas tareas de la vida parroquial.
El arzobispo animó a los feligreses a asumir la responsabilidad de conservar y transmitir el legado recibido, con la mirada puesta en el futuro. Serán las próximas generaciones las encargadas de recoger el testigo, mantener viva la memoria de lo vivido y continuar construyendo la comunidad parroquial.
La celebración de este 50 aniversario queda así ligada a una idea central: agradecer la historia construida durante cinco décadas, pero también seguir edificando una comunidad viva. Una comunidad que, en palabras del arzobispo, está llamada a recorrer el camino, anunciar la vida y acoger la verdad, «que es Cristo, camino, verdad y vida».






