Encuentro del arzobispo con la comunidad parroquial Santa Baia de Araño en Rianxo

La comunidad parroquial de Santa Baia de Araño, en Rianxo, recibió el sábado por la tarde al arzobispo de Santiago, monseñor Francisco José Prieto Fernández. El encuentro se enmarca en las visitas que el prelado realiza a las parroquias de la diócesis para compartir la celebración de la fe y acercarse a la vida de sus comunidades.

Monseñor Prieto presidió la eucaristía y comenzó su homilía expresando la alegría de estar en Araño. Se refirió a los vecinos y las familias que dan vida a la parroquia e invitó a dar gracias por esa realidad compartida.

A partir de la parábola del banquete de bodas, el arzobispo recordó que Dios invita a todos a compartir su mesa y a vivir la fe en comunidad. Animó a los presentes a reflexionar sobre el lugar que ocupa en sus vidas y a preguntarse si su relación con él se limita a los momentos de oración y celebración o si también está presente en las decisiones, inquietudes y responsabilidades de cada día.

Señaló, además, que esa invitación requiere una respuesta libre y personal. Como los convidados de la parábola, cada uno puede aceptarla o buscar excusas para dejarla pasar.

Preguntar al vecino cómo está y qué necesita.

La homilía se detuvo también en la acogida y las relaciones dentro de la comunidad. Frente a la facilidad para clasificar a las personas o establecer divisiones, monseñor Prieto recordó que Dios mira el corazón de cada una y cuenta con todos.

El prelado trasladó esa reflexión a la vida parroquial y animó a interesarse por lo que sucede en las casas y por las circunstancias de los vecinos, especialmente de quienes atraviesan dificultades. Preguntas tan sencillas como “¿Cómo estás?” o “¿Qué necesitas?” pueden abrir un espacio de escucha y de ayuda.

Pidió que ese interés se traduzca en disponibilidad para acompañar. La comunidad se construye cuando sus miembros se sienten tenidos en cuenta y encuentran a alguien dispuesto a escuchar y atender sus necesidades.

Acompañarse también en los momentos difíciles.

Al explicar la imagen del invitado que acude al banquete sin el traje de fiesta, el arzobispo vinculó la fe con la manera de actuar. Creer, señaló, exige una respuesta que se haga visible en las actitudes, en el compromiso y en el trato a los demás.

Animó así a vivir con autenticidad la fe que se celebra en la eucaristía. Esa coherencia se expresa en decisiones cotidianas, como detenerse ante quien necesita compañía o prestar ayuda cuando surge una dificultad.

En la parte final de su homilía, recordó las palabras de san Pablo sobre la abundancia y la escasez, así como su agradecimiento a quienes habían compartido sus dificultades. A partir de ese testimonio, invitó a los fieles de Araño a sostenerse mutuamente y a dejarse acompañar, para que nadie se sienta solo dentro de la comunidad.