Invita el Papa en esta cuaresma a no dispersarnos, y que, aprovechando este tiempo especial, demos espacio en nuestra vida a la Palabra. Invita el Papa a leerla y escucharla en silencio, y dejar que nos transforme.
Dirá el Papa que una escucha atenta nos permite ofrecer al Señor un espacio de hospitalidad, y que esa hospitalidad va a hacer vibrar nuestro corazón. Y es que “la disposición a escuchar es el primer signo con el que se manifiesta el deseo de entrar en relación con el otro”. Y eso es lo que siempre ha hecho Dios, escuchar la voz de su pueblo, por ejemplo, cuando en el episodio de la zarza ardiente le dice a Moisés “he oído los gritos de dolor” de mi pueblo sometido a los egipcios.
Dios escucha y atiende y a eso se nos invita.
Nuestro Papa también sabe ser parco en palabras, de hecho, invita a ser así diciendo “me gustaría invitarles a una forma de abstinencia muy concreta y a menudo poco apreciada, es decir, la de abstenerse de utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo. Empecemos a desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quienes están ausentes y no pueden defenderse, a las calumnias. Esforcémonos, en cambio, por aprender a medir las palabras y a cultivar la amabilidad: en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación y en las comunidades cristianas. Entonces, muchas palabras de odio darán paso a palabras de esperanza y paz.”
Como recuerda el Papa no estamos solos porque Dios siempre abre una dimensión comunitaria, ya que vivir cristianamente es un camino compartido que “no sólo concierne a la conciencia del individuo, sino también al estilo de las relaciones, a la calidad del diálogo, a la capacidad de dejarse interpelar por la realidad y de reconocer lo que realmente orienta el deseo, tanto en nuestras comunidades eclesiales como en la humanidad sedienta de justicia y reconciliación”. Y en este ámbito comunitario Dios también participa.
En resumen, aprovechemos este tiempo para descubrir la riqueza de la palabra, la meditemos en silencio, la acojamos, y en comunidad hagamos un camino compartido para que como el Papa ha recogido en otro discurso le acompañemos en su actividad para que se pueda“ limpiar el mundo de cosas malas, colorearlo con amistad y respeto, y ayudarte a construir un futuro maravilloso para todos”.
María Puy






