Entrevista a Sagrario Sánchez Pereiro, presidenta de Elisamá: «Cuando no sabemos qué decir, lo mejor es guardar silencio»

Escuchar sin juzgar, acompañar sin imponer tiempos y permanecer cerca cuando faltan las palabras. Esa forma de estar al lado de quienes sufren está en el origen del encuentro sobre el duelo que la parroquia de Santa María de Cambre y la Asociación Elisamá organizan los días 23 y 24 de octubre, con la participación del sacerdote Camilo Arnaldo Pangrazzi, doctor en Teología Pastoral Sanitaria.

La iniciativa tiene detrás un camino de formación y compromiso que comenzó tras el accidente del rali de Carral, hace once años. Aquella tragedia marcó profundamente a la comunidad y despertó la necesidad de aprender a acompañar a las personas que habían perdido a un ser querido.

Ese trabajo encuentra ahora una nueva expresión en Elisamá, una asociación civil sin ánimo de lucro, de inspiración cristiana, dedicada a la escucha y al acompañamiento en situaciones de duelo, enfermedad y soledad.

En esta entrevista, Sagrario Sánchez Pereiro, presidenta de la Asociación Elisamá, explica el origen de ese compromiso y reflexiona sobre las dificultades para dar espacio al dolor y los gestos cotidianos que pueden sostener a quien atraviesa una pérdida. Sus palabras invitan también a pensar qué pueden hacer las comunidades parroquiales para que el acompañamiento continúe después de la despedida.

1. ¿Qué os llevó a organizar en Cambre un encuentro sobre el duelo? ¿Hubo alguna experiencia o necesidad concreta que os impulsara a dar este paso?

En Septiembre se cumplieron 11 años del accidente del rallie en Carral. Esa tragedia golpeó de lleno nuestra comunidad y fue un antes y un después en nuestra vida personal y pastoral. Desde entonces, sentimos la necesidad de formarnos para realizar adecuadamente el servicio pastoral de acompañamiento y escucha a las personas que atravesaban un duelo.

Lo hemos venido haciendo de la mano de los religiosos camilos del Centro de Humanización de la Salud de Tres Cantos (Madrid). Además de participar en las Jornadas de Duelo que organizan anualmente, de realizar con ellos cursos sobre temas de Pastoral de la Salud, de Intervención en Duelo, etc, hemos organizado en la parroquia de Cambre distintas formaciones sobre estos temas a cargo del profesor Valentín Rodil Gavala, responsable de la Unidad Móvil de Intervención en Duelo de los camilos.

En este sentido es un encuentro más. La novedad es que este año se presenta también la Asociación Elisamá.

2. ¿Qué es la Asociación Elisamá y cómo nació? ¿Qué apoyo ofrece a quienes están atravesando un duelo?

Aunque existen vínculos de colaboración con la parroquia de Santa María de Cambre, Elisamá es una asociación civil sin ánimo de lucro. Nace de personas creyentes, laicos comprometidos en la vida comunitaria desde el humanismo cristiano, formados en Counselling e Intervención en Duelo, con la finalidad de escuchar y acompañar al sufriente al estilo de Dios (Elisamá = Dios escucha), hacerse cargo del prójimo, como el Buen Samaritano, bajo el carisma de San Camilo de Lelis.

La escucha y el acompañamiento (en duelo, enfermedad, soledad…) es, en definitiva, el apoyo que prestamos.

3. ¿Qué os ha enseñado personalmente el contacto con personas que atraviesan una pérdida?

A tomar conciencia de la propia fragilidad y finitud. A sanar nuestras heridas. A no juzgar, a no dirigir, a no querer ayudar. A tomar cuenta de cómo la escucha y el acompañamiento a los sufrientes sana y salva.

4. ¿Nos cuesta hablar de la muerte y del dolor? ¿Cómo influye ese silencio en quienes están pasando por un duelo?

Cuesta muchísimo. El modelo social que vivimos de placer inmediato, disfrute por encima de todo, encuentros virtuales, egocentrismo… expulsa el dolor, la enfermedad y la muerte de la plaza pública. Todo se esconde para no enfrentarse a la realidad: las pérdidas, el sufrimiento, la enfermedad, la vejez y la muerte son parte de nuestra vida, de la de todos.

Con esta actitud añadimos más soledad y más sufrimiento a quienes padecen porque los dolientes no encuentran lugar ni autorización para expresarse. Así, muchos procesos de duelo se complican. ¡Cuántos suicidios de mayores y de jóvenes por no ser escuchados, por no ser acompañados en su sufrimiento! ¿Verdad?

Es tan incómodo convivir con el sufrimiento que anestesiamos con pastillas, preferimos eutanasia a cuidados paliativos, apresuramos incorporaciones al trabajo que así te entretienes y te olvidas… ¿Caemos en la cuenta de cuántos días tenemos de permiso laboral por casamiento y cuántos por pérdida de un ser querido? ¿Tiene esto sentido? Y no hablemos ya de los duelos no autorizados…

No permitir hablar de la muerte, de la enfermedad, del dolor incrementa muchísimo el sufrimiento. Sin ser el duelo una enfermedad puede acabar patologizándose si no se elabora adecuadamente. No permitir emplear el tiempo necesario para elaborar las pérdidas y curar las heridas es signo de una sociedad deshumanizada.

5. Cuando alguien pierde a una persona querida, ¿qué suele necesitar de quienes tiene cerca?

Sentirse acompañado con ternura, sentirse escuchado, sentirse respetado en sus ritmos, sentirse validado en sus sentimientos… Quizá los más cercanos no son siempre la mejor ayuda en estos procesos si el duelo se complica. La mayor parte de las veces también comparten, en mayor o menor medida, la misma pérdida, aunque el vínculo sea diferente, y necesitan elaborar también su propio duelo. No siempre coinciden los ritmos, ni la forma de expresar los sentimientos, ni la afectación del rol es la misma…

Constatamos que los espacios de escucha y acompañamiento externos a los vínculos cercanos, con personas expertas en este arte, facilitan la elaboración del duelo complicado.

6. A veces queremos consolar y no sabemos qué decir. ¿Qué palabras o actitudes conviene evitar y qué gestos pueden ayudar?

Cuando no sabemos qué decir lo mejor es guardar silencio. No es fácil porque el dolor ajeno nos interpela también a nosotros en lo más hondo, nos incomoda, nos angustia. Intentamos salir de la situación pronunciando frases aprendidas y vacías. Sin embargo, las frases hechas, dar consejos que nadie pide, desviar la conversación…, no ayuda nunca y, en el peor de los casos, aún sin mala intención, añade sufrimiento.

Ofrecer presencia respetuosa, silencio para escuchar lo que no se oye, escucha activa y empática, validar sentimientos, abrazar, respetar tiempos, una llamada, una comida preparada, un paseo compartido…son gestos que ayudan.

7. Después del funeral, cuando los demás recuperan sus rutinas, ¿cómo se puede mantener el acompañamiento?

La gran mayoría de los duelos se superan con el apoyo del entorno. Sólo es necesario intervenir si el proceso se complica e impide a la persona continuar con su vida diaria. Será el doliente el que solicite el acompañamiento. Podrá ser individual o a través de grupos de duelo. En cualquier caso, todo acompañamiento tiene un final, un cierre que se planifica con el doliente y busca consolidar la autonomía de la persona. Dependerá del duelo y del proceso de cada persona, pero no suele alargarse mucho más de un año. Si se detecta un fuerte impacto en la salud mental se deriva a profesionales sanitarios.

8. El programa aborda el duelo anticipado. ¿Por qué habéis querido dedicar espacio a las pérdidas que comienzan a sentirse antes de la muerte de un ser querio?

Porque es muy saludable, es un regalo poder ir elaborando el duelo cuando la pérdida se vislumbra. Al hacerlo tenemos la oportunidad de cuidar y acompañar el final de vida, de pedir perdón, de agradecer, de decir “te quiero”, de rezar celebrando la fe y la esperanza, de despedirnos. Una buena vivencia de un duelo anticipado previene un duelo complicado. ¡Cuánto desaprovechamos estos momentos!

También aprender a elaborar sanamente el duelo anticipatorio sobre nuestra propia muerte es, sin duda, una gran experiencia de crecimiento personal y de humanización.

9. ¿Qué os llevó a contar con Arnaldo Pangrazzi? ¿Qué esperáis que aporte a las personas que participen?

Después de participar en unas formaciones con el padre Arnaldo, éste contactó con nosotros y, desde hace más de dos años, comenzamos a formar parte de un grupo, “Sembradores de Esperanza”, con personas de diferentes provincias españolas y liderado por él. El fin era estimularnos unos a otros y ayudarnos a materializar lo aprendido en proyectos de vida. Fue algo providencial que vino a despertar lo que llevábamos desde hace muchos años en el corazón. Después de este camino compartido de trabajo y reflexión conjunta, visita Cambre para seguir alentando en la tarea.

Contar con los religiosos Camilos, referentes en el mundo de la Humanización de la Salud, de la Intervención en Duelo, de Cuidar y Enseñar a Cuidar, de Escuchar y Enseñar a Escuchar, es siempre un regalo. Arnaldo, además de aportar conocimientos, aporta la sabiduría que nace de hacer bien el bien a través del acompañamiento, de la escucha, de poner el corazón en las manos en el cuidado de los enfermos.

10. ¿A quién va dirigido el encuentro? ¿Qué puede encontrar en él tanto una persona que vive una pérdida como alguien que desea aprender a acompañar?

Es una oportunidad, dirigida a todos, para animarnos a realizar un trabajo interior con los distintos rostros del duelo que recorren nuestra existencia, para aprender a valorar el poder terapéutico de empalabrar y de la escucha activa.

Tomando conciencia de que todos somos sanadores heridos, es una oportunidad para que nos entre el “gusanillo” de formarnos para escuchar y acompañar desde un modelo humanizador que sea cauce de sanación para otros.

11. ¿Qué lugar tiene la fe en este acompañamiento? ¿Cómo acoges a quien, en medio del dolor, siente dudas, enfado o distancia de Dios?

Es cierto que a veces la fe ayuda, otras veces distancia porque uno se puede sentir abandonado por Dios, enfadado con Él, otras veces no hay fe… Será en cada caso el doliente el que, acompañado, vaya abriendo sus propios caminos, reflexionando sobre sus creencias si las tiene, y gestionando su experiencia religiosa.

La acogida al doliente es siempre incondicional, sin juicios, sin consejos. Se acoge a la persona y se validan sus emociones. Si el doliente tiene o no fe, si quiere compartirla o no, es siempre su libertad. El escucha no dirige espiritualmente, acompaña.

12. ¿Qué puede hacer una parroquia para que las personas en duelo se sientan acompañadas más allá de la celebración de las exequias?

Primeramente, sería importantísimo que las parroquias acompañasen adecuadamente durante la enfermedad, durante la vejez, en el momento del fallecimiento, en el tanatorio, y preparasen con las familias y la comunidad las exequias. Era un buen comienzo para que los ritos de despedida fueran signos significativos de esperanza y de consuelo.

El contar con personas formadas en escucha y acompañamiento en duelo que se encargaran de la pastoral de la escucha que sana es un reto para todas nuestras comunidades.

13. ¿Qué le dirías a una persona que está viviendo una pérdida y duda si acudir al encuentro?

Curiosamente, ha sucedido. Una persona me preguntó si no le revolvería mucho por dentro asistir al encuentro. Cómo buena gallega le devolví la pregunta: ¿qué pasaría si te revuelve?

Dice el camilo José Carlos Bermejo: “elaborar el duelo consiste en darse permiso para sentir, para estar triste… Además, por respeto a nosotros mismos y a los demás, tenemos el deber ético de hacer el duelo”.

14. ¿Tendrá continuidad esta iniciativa después de las jornadas? ¿Cómo puede acercarse a vosotros alguien que necesite apoyo?

Tendrá la continuidad que Dios quiera, siempre. En realidad ya se vienen realizando estos servicios, ahora lo haremos, además de colaborando con la parroquia, a través de la asociación ELISAMÁ.

La manera más fácil de ponerse en contacto es a través de nuestro e-mail: asociacionelisamacambre@gmail.com

Sagrario Sánchez Pereiro,
Presidenta de la Asociación Elisamá.
Esposa y Madre de familia, Catequista, Empresaria