Cada día es un regalo. De vez en cuando recibimos “regalazos”. La tarde de ayer fue uno de esos días.
El santuario de Altamira, dedicado a la Virgen de Lourdes, colgó el cartel de “aforo completo” a las 6 de la tarde. Realmente emocionante que, junto a los lugareños de las parroquias de Anceis y Sigrás, se uniesen a la Eucaristía personas de Tabeayo, Andeiro, Vilaboa, O Burgo, Cambre, Brexo-Lema, Almeiras, Sueiro, Sada, A Coruña.
El motivo no era para menos: ponernos en familia a los pies de la Madre, Virgen de la Esperanza y Salud de los Enfermos, para honrarla y, bajo su manto, orar pidiéndole nos acompañe en este valle de lágrimas, y presente a su Hijo nuestros sufrimientos para que nos consuele en la tribulación y nos llene de fuerza y esperanza.
Después del rezo del Santo Rosario se celebró la Eucaristía presidida por el párroco, D. Miguel Ángel, y concelebrada por los párrocos de Almeiras y Cambre. Sirvió al altar Arturo, el diácono que allí tiene encomendadas labores pastorales.
Tanto una joven de la comunidad, quien representó a Bernadette Soubirous y recitó un poema a la Virgen, como el párroco en su homilía, recordando las apariciones en Lourdes, lograron poner nuestro corazón en relación de amor con la Madre del Cielo quien “no nos promete hacernos felices en este mundo, sino en el otro”.
Los mayores y enfermos presentes pudieron recibir el Sacramento de la Unción de Enfermos. D. Miguel Ángel nos recordó, con mucha claridad, en qué consiste el gran regalo de este sacramento especialmente cargado de ternura y de amor de Dios en los momentos de fragilidad y sufrimiento.
Al final de la celebración, tuvo lugar la procesión por el interior del templo.
Después de la misa, compartimos la mesa. Un chocolate caliente con unas pastas fueron pretexto para continuar el encuentro y la charla al son de la música que nos regalaron los “Larpeiros de Altamira”.
Gracias infinitas a todos los que han servido a sus hermanos.
Susana Doval






