- La Misa, presidida por el arzobispo de Santiago, puso el broche final a un año de actos conmemorativos.
- La homilía destacó el sentido del Bautismo del Señor y la memoria agradecida por un siglo de presencia redentorista en A Coruña.
- La devoción al Perpetuo Socorro, eje espiritual de una comunidad al servicio de la ciudad.
La Comunidad de Padres Redentoristas conmemoró el centenario de su presencia en A Coruña con una Misa solemne celebrada en la Iglesia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. La Eucaristía, presidida por el arzobispo de Santiago de Compostela, monseñor Francisco José Prieto Fernández, tuvo lugar este sábado 10 de enero, víspera de la fiesta del Bautismo del Señor, y sirvió como acto de clausura de los numerosos encuentros y celebraciones organizados a lo largo del último año.
Junto al prelado compostelano concelebraron los padres redentoristas Antonio y Juan Manuel, así como otros sacerdotes diocesanos de A Coruña, en una ceremonia marcada por el agradecimiento, la memoria y la proyección de futuro.
Cierre de un año de celebración
La celebración eucarística sirvió como colofón a un año entero de actos conmemorativos iniciados con la apertura oficial del centenario. Al comienzo de su homilía, el arzobispo evocó aquel primer momento y quiso dirigirse de manera especial a la comunidad redentorista, recordando que “hace un año celebrábamos y abríamos precisamente este centenario”.
El contexto litúrgico dotó a la celebración de un significado particular. La víspera de la fiesta del Bautismo del Señor, que clausura el tiempo de Navidad, sirvió de marco para unir la acción de gracias por los cien años de presencia redentorista en la ciudad con la invitación a hacer memoria del propio bautismo.
En su predicación, monseñor Prieto Fernández partió de los textos bíblicos para profundizar en el sentido del Bautismo de Jesús en el Jordán. Recordó que la voz del Padre revela a Cristo como “el Hijo amado”, subrayando que solo desde el amor se comprende el misterio de Dios y su acción redentora.
Un Dios que se hace cercano
El arzobispo destacó el gesto de Jesús que, sin necesitarlo, se sitúa solidariamente entre los hombres para ser bautizado, como expresión de un Dios que se hace cercano a la fragilidad humana. “Se pone como uno más… y nos abraza también en nuestra necesidad, en nuestra miseria, en nuestra fragilidad”, afirmó, señalando que en ese abrazo se manifiesta la reconciliación y la redención.
Desde esa escena evangélica, invitó a los fieles a redescubrir la importancia del propio bautismo, no solo como recuerdo, sino como llamada viva a ser hijos en el Hijo y testigos en medio del mundo.
Cien años de carisma redentorista en A Coruña
La presencia histórica de los redentoristas en A Coruña ocupó un lugar central en la homilía. El arzobispo quiso agradecer públicamente su labor continuada desde la Iglesia del Perpetuo Socorro y evocó su carisma como “expresión de una redención que quiere ser abrazo de Dios en su misericordia a toda la humanidad”.
Recordó a todos los religiosos que, a lo largo de un siglo, han hecho de este templo un espacio de palabra, celebración y acompañamiento. Una presencia, subrayó, que ha sido semilla de esperanza, perdón y reconciliación para generaciones de coruñeses.
En ese contexto, animó a vivir el centenario no solo como conmemoración del pasado, sino como impulso renovado para la misión, en sintonía con la llamada de la Iglesia a caminar “alegres en la esperanza”.
El Perpetuo Socorro, una catequesis en imágenes
El arzobispo dedicó un amplio momento de su homilía a contemplar la imagen del Perpetuo Socorro, tan vinculada a la espiritualidad redentorista y muy presente en la devoción popular. Recordó su larga historia y cómo han sido los Padres Redentoristas quienes han difundido esta iconografía como expresión del amor redentor de Dios.
Se detuvo en los detalles del icono: la mirada de María dirigida a los fieles, el Niño sostenido y mostrado al mundo, los arcángeles con los signos de la Pasión y la sandalia que cuelga del pie de Jesús. Cada elemento fue presentado como una catequesis visual del misterio cristiano: un Dios que se hace niño, que camina hacia la cruz y que, desde ella, abre un camino de vida.
“La Virgen parece decirnos: ‘Ahí lo tenéis. Este es el gran regalo de Dios para vosotros’”, expresó el arzobispo, subrayando el sentido maternal y misionero de la imagen.
Enviados a dar lo que hemos recibido
La celebración culminó con una invitación explícita a vivir la fe de manera comprometida. El prelado subrayó que, así como Cristo fue enviado al mundo, también cada bautizado es enviado a dar testimonio del amor que ha recibido, especialmente a través de sus vocaciones y de su entrega cotidiana a la Iglesia y a la sociedad.







