Estos días el Papa ha hablado, ante Líderes Mundiales que participaban, en la Cumbre sobre los Derechos del Niño. Y lo hace para recordar que existe una crisis moral mundial en relación a la infancia que “No es aceptable y debemos resistirnos a la habituación. La infancia negada es un grito silencioso que denuncia la iniquidad del sistema económico, la criminalidad de las guerras, la falta de atención médica y de escolarización. La suma de estas injusticias pesa más sobre los pequeños y los más débiles.”, y para que no nos dispersemos, El Papa, señala que, habla de cualquier parte del mundo, porque, si en el entorno de países pobres o en guerra hay una situación penosa, en los países ricos también hay injusticias de modo que “las escuelas y los servicios sanitarios tienen que contar con niños ya probados por tantas dificultades, con jóvenes ansiosos o deprimidos, con adolescentes que toman los caminos de la agresividad o la autolesión”, por lo que insiste el Papa en su preocupación por esta cultura eficientista que descarta la vejez y la infancia como periferias innecesarias.
Pero este contexto, dirá Francisco en sus audiencia semanales, cambia a los ojos de Dios que nos sueña. Por que el encuentro con Dios es un cambio de camino, una “conversión” que como en el caso de la Magdalena, parte de un acto de misericordia de Dios, que pronuncia nuestro nombre, y al llamarnos nos hace girarnos, y esa vuelta no es sólo física. Y dice el Papa “¡El Evangelista escoge bien las palabras! En lágrimas, María mira primero dentro el sepulcro, luego se voltea: el Resucitado no está en la parte de la muerte, sino en la parte de la vida.” Que Dios nos sueñe y nos llame es nuestra esperanza, así también nosotros en la vida, podremos secar las lágrimas, como nueva Magdalena, porque cada nombre“ solo su Maestro lo pronuncia así”
Y ¿qué pasa entonces? El Papa nos ha recordado el pasaje, en el que María va a visitar a su prima Isabel, ambas milagrosamente embarazadas y que hace cantar a María. Como explica el Papa es un canto de “ la gracia del pasado, pero es la mujer del presente que lleva en su vientre el futuro.”
Por ello, el Papa nos invita a cantar el Magnificat “Porque en la vida real hay un puesto para nosotros, siempre y en todos lados. Hay un lugar para ti, para mí, para cada uno. Es feo, como se dice comúnmente, es feo dejar la silla vacía: “Este lugar es mío; si yo no voy…”. Nadie puede tomárnoslo, porque desde siempre ha sido pensado para nosotros. Cada uno puede decir: ¡tengo un lugar, yo soy una misión! Piensen en esto: ¿cuál es mi lugar? ¿Cuál es la misión que el Señor nos da? Que este pensamiento nos ayude a asumir una actitud valiente en la vida”. Por tanto se puede decir que es en nuestra vida tal cual es dónde Dios nos sueña.
En conclusión, la crisis de moral que parece dominarnos es curable, todos tenemos un sitio, somos un sueño de un Dios que nos llama por nuestro nombre. Somos libres para darnos la vuelta cuando Dios llama y movernos, como hizo María, acercándonos al prójimo para bendecir, porque también en nuestra vida Él ha hecho cosas grandes. https://www.vaticannews.va/es/oraciones/magnificat.html
María Puy






