La entretela | Hay un lugar para todos

Habla el Papa de situaciones, que los que ya vamos teniendo una edad, conocemos por experiencia. Se trata de ese anhelo que nos impulsa a querer ser especiales y que hace que nos atraigan “los lugares exclusivos, las experiencias al alcance de unos pocos, el privilegio de entrar donde ningún otro puede hacerlo”. Ese impulso y ese afán de ser especial a veces nos hace estar “dispuestos a todo con tal de lograr un poco de atención y de reconocimiento”. Y sin embargo, los que tenemos una edad también conocemos de primera mano el vacío que deja ese anhelo de ser especiales una vez se cumple éste o no.

Ante estas situaciones conocidas el Papa hace una propuesta, que no es original, ya que el primero que lo recoge es el evangelio de Juan, y que invita a tener la fe de creer en Dios Padre y en Jesús (Jn 14,1), porque la fe “libera nuestro corazón de la ansiedad por tener y obtener, del engaño de tener que correr tras un puesto de prestigio para valer algo.”

Dirá el Papa que “Cada uno posee ya un valor infinito en el misterio de Dios, que es la verdadera realidad. Amándonos los unos a los otros como Jesús nos ha amado, nos damos esta certeza. Es el mandamiento nuevo: anticipamos así el cielo en la tierra, revelamos a todos que la fraternidad y la paz son nuestro destino. De hecho, en el amor, en medio de una multitud de hermanos, cada uno descubre que es único.”

Dirá el Papa que Dios está abierto a todos y pone a disposición de toda la humanidad una casa muy grande, lo que causa alegría y que esta alegría permite que “la gratitud toma el puesto de la competición; la acogida elimina la exclusión; la abundancia ya no genera desigualdad. Sobre todo, nadie se confunde con otro, nadie está perdido.” Porque mientras que “La muerte amenaza con borrar el nombre y la memoria (…)en Dios cada uno es finalmente uno mismo. En verdad, este es el lugar que buscamos toda la vida” sobre todo si nos damos cuenta, como señala el Papa, que es Jesús mismo quien se hace siervo y el “que prepara las habitaciones, para que cada hermano y hermana, al llegar, encuentre lista la suya y se sienta desde siempre esperado y finalmente encontrado.”

Estamos en el mes de mayo, mes de María, mes en que la Iglesia celebra las fiestas de la Ascensión y Pentecostes, fiestas en que María en medio de los discípulos se hace presente como mujer fuerte. Fiestas, que hoy también están llenas de sentido, porque en nuestras fiestas de mayo presentaremos como intenciones “la comunión en la Iglesia y la paz en el mundo” que nos llevan por un camino que no tiene pérdida a Aquel con el que nos podemos sentir únicos.

María Puy