Invita este mayo, el Papa a mirar el cielo porque tenemos “La capacidad de contemplar con asombro el sol, la luna y las estrellas (que) es un don concedido a todo ser humano, independientemente de su condición social o de sus circunstancias.» Para poder disponer de un sano sentido de la proporción. «Contemplar el cielo nos invita a ver nuestros miedos y nuestras faltas a la luz de la inmensidad de Dios. El cielo nocturno es un tesoro de belleza abierto a todos —pobres y ricos sin distinción— y, en un mundo tan dolorosamente dividido, sigue siendo una de las últimas fuentes de alegría verdaderamente universales” a pesar de que “hemos llenado nuestros cielos de una luz creada por los seres humanos que nos hace ciegos ante las luces que Dios ha puesto en ellos”.
Como el Papa destaca, para los cristianos, que creemos en Dios encarnado “. La Escritura nos enseña que, desde el principio, Dios se ha dado a conocer a través de las cosas que ha creado (cf. Rom 1, 20), y que Dios amó tanto a su creación que envió a su propio Hijo para que entrara en ella y la salvara (cf. Jn 3, 16). (…). El fuerte deseo de comprender más profundamente la creación no es más que el reflejo de ese deseo inquieto de Dios que habita en lo más profundo de cada alma.”
Mirar lleva al otro, y ha permitido un diálogo entre el Dicasterio para el Diálogo Interreligioso y el Instituto Real Hachemita de Estudios Interreligiosos sobre “la compasión y la empatía humanas en los tiempos modernos” como “actitudes esenciales de ambas tradiciones religiosas y de aspectos importantes de lo que significa vivir una vida verdaderamente humana”. Porque “la compasión y la empatía humanas no son algo adicional u opcional, sino una llamada de Dios a reflejar su bondad en nuestra vida cotidiana”
Dice el Papa que en la religión musulmana, “uno de los nombres divinos, al-Ra’uf, nos recuerda que la compasión siempre tiene su origen en Dios mismo” y que para los cristianos “En Jesucristo, esta compasión divina se vuelve visible y tangible. Dios va más allá de ver y oír al asumir nuestra naturaleza humana para convertirse en la encarnación viva de la compasión. Siguiendo el ejemplo de Jesús, la compasión cristiana se convierte en un compartir o «sufrir con» los demás, particularmente con los más desfavorecidos”
Y, tras agradecer al reino Hachemita sus esfuerzos generosos, “al acoger a los refugiados y asistir a quienes se encuentran en necesidad en circunstancias difíciles”, expresa la siguiente preocupación “Los avances tecnológicos nos han hecho estar más conectados que nunca, pero también pueden conducir a la indiferencia. (…). El Papa Francisco nos advirtió que «¡Nos hemos acostumbrado al sufrimiento del otro [pensando que]: no tiene que ver con nosotros, no nos importa, no nos concierne!» (….). Este tipo de apatía se está convirtiendo en uno de los desafíos espirituales más graves de nuestro tiempo.”
Invita pues a una misión común que es “reavivar la humanidad allí donde se ha enfriado, dar voz a quienes sufren y transformar la indiferencia en solidaridad. La compasión y la empatía pueden ser nuestros instrumentos, ya que tienen el poder de restaurar la dignidad del otro”
No quiero terminar sin una invitación papal más, hecha en Pompeya, que es el rezo diario del Rosario, del que recuerda que es “considerado, con razón, un compendio del Evangelio” y que “Precedida por la proclamación de la Palabra de Dios, entre el Padrenuestro y el Gloria, el Ave María, repetido en el Santo Rosario, es un acto de amor. ¿Acaso no es propio del amor repetir, sin cansarse: «Te amo»? Un acto de amor que, a través de las cuentas del rosario(…)nos conduce de nuevo a Jesús y nos lleva a la Eucaristía, «fuente y cumbre de toda la vida cristiana» ( Lumen gentium , 11).”
En definitiva; contemplación de la creación; compasión y empatía hacia el otro; y oración llevan a vivir más humanamente.
María Puy






