La Parroquia de Soaserra celebra la fiesta de Santa Eulalia

La parroquia de Santa Eulalia de Soaserra, en el municipio de Cabanas, celebró hoy, sábado 13 de diciembre, una de las citas más destacadas de su calendario religioso con la fiesta en honor a su patrona. A lo largo de la jornada, numerosos vecinos y devotos se congregaron para compartir una Eucaristía solemne vivida con recogimiento y alegría, reflejo de la profunda devoción y del fuerte vínculo que une a la comunidad con su iglesia y con unas tradiciones que siguen muy vivas.

El acto central de la jornada fue la misa solemne, presidida por el arzobispo de Santiago de Compostela, monseñor Francisco José Prieto Fernández, quien estuvo acompañado en el altar por el párroco de Soaserra, Gerardo Camacho Briceño. La celebración contó además con la participación del coro “Ángeles de Deus”, que acompañó musicalmente la liturgia y contribuyó a realzar la solemnidad del acto.

Soaserra es conocida por su iglesia parroquial del siglo XIX, un templo que destaca por su retablo barroco y por un simbolismo de raíces monásticas. En los últimos tiempos, la comunidad parroquial ha llevado a cabo un importante trabajo de cuidado, restauración y puesta en valor del templo y de su entorno, un esfuerzo que fue expresamente reconocido por el arzobispo durante su homilía.

En su mensaje, monseñor Prieto situó la celebración en el contexto del tiempo de Adviento, al que definió como “un tiempo hermoso de esperanza”, recordando que “la esperanza tiene nombre, y es Jesús, el Señor”. El prelado subrayó que esa misma esperanza fue la que sostuvo a Santa Eulalia en el martirio y la que hoy sigue acompañando a las comunidades cristianas en su caminar diario.

El arzobispo quiso felicitar de manera especial a los vecinos de la parroquia por el estado del templo, al que definió como “la casa del Señor y la casa de todos sus hijos e hijas”. Destacó el trabajo compartido, la generosidad, la paciencia y el esfuerzo constante que han permitido que la iglesia “luzca hermosa y resplandeciente”, convirtiéndose en un espacio acogedor, con “calidez de hogar y de familia”. En este sentido, recordó que, más allá de las piedras y los muros, la parroquia la forman las personas, “las piedras vivas”, aunque subrayó también la importancia de contar con un lugar donde la comunidad pueda reunirse, celebrar y acompañarse en los momentos clave de la vida.

Durante la homilía, el arzobispo evocó la figura de Santa Eulalia, joven mártir nacida en Mérida, que entregó su vida por fidelidad a su fe. La presentó como ejemplo de fortaleza interior, una fortaleza que no nace de la soberbia ni de la prepotencia, sino del corazón confiado en Dios. En esa línea, animó a los fieles a vivir una fe sencilla y profunda, abierta a un Dios que, según explicó, “no llega haciendo ruido”, sino que se acerca de manera discreta y silenciosa, como ocurrió en el nacimiento de Jesús en Belén.

Monseñor Prieto invitó también a los presentes a preparar no solo los templos y los belenes, sino el propio corazón, “como una cuna donde quiera nacer el Señor”. Insistió en que la esperanza cristiana no es una simple emoción o un deseo incierto, sino la certeza de que la vida, el esfuerzo y el trabajo compartido tienen sentido, incluso cuando los frutos no se ven de inmediato. Como ejemplo, citó la restauración del templo parroquial, fruto de muchos sacrificios que hoy se traducen en una iglesia renovada y viva.

La jornada concluyó con la tradicional procesión alrededor de la iglesia parroquial de Soaserra. Con esta celebración, la parroquia puso el broche final a una jornada marcada por la fe, la convivencia y el orgullo de una comunidad que sigue manteniendo vivas sus raíces religiosas, patrimoniales y culturales.