Laxe honra a la Virgen del Carmen en el Naufraxio

Laxe volvió este domingo a mirar hacia el mar para reencontrarse con una de sus tradiciones más arraigadas. Desde 1962, cada 17 de agosto, la localidad revive la dureza de la vida marinera y la esperanza depositada en la Virgen del Carmen a través de la tradicional representación del Naufraxio, una celebración declarada Festa de Interés Turístico de Galicia.

La jornada comenzó a las 12.00 horas con la misa solemne en honor a la Virxe do Carme, patrona de los marineros, presidida por el arzobispo de Santiago, monseñor Francisco José Prieto Fernández.

El prelado centró buena parte de su mensaje en la necesidad de reconocer en los demás a miembros de una misma familia, llamados a vivir desde la bondad y la misericordia. A través de la figura de María, destacó la importancia de acoger a los demás y acompañarlos en las dificultades de cada día.

El arzobispo recordó también que el significado del Naufraxio trasciende la propia representación y conecta con las tragedias que siguen golpeando a muchas personas. Frente a la indiferencia, el egoísmo, el rencor o los enfrentamientos, reclamó una respuesta basada en la paz y el perdón.

La homilía concluyó con una llamada a seguir el ejemplo de María y a acoger la voluntad de Dios con un corazón «libre, disponible y acogedor».

Tras la Eucaristía, tuvo lugar la recreación del Naufraxio en el puerto. El acto comenzó en silencio y sirvió para recordar, a través de esta representación, las dificultades y los peligros a los que históricamente se han enfrentado los marineros.

Los marineros, vestidos con trajes impermeables, zarparon para representar la tragedia de quienes perdieron la vida en el mar. Poco después se produjo el naufragio. Dos bengalas marcaron el momento en el que los hombres tuvieron que lanzarse al agua e intentar llegar a nado hasta la orilla.

Uno de los compañeros les lanzó en varias ocasiones un salvavidas para facilitar su llegada a tierra. Los náufragos fueron saliendo del agua uno a uno y, ya en la orilla, se arrodillaron ante la Virgen del Carmen y besaron su imagen.

La representación incluyó también el ahogamiento de uno de los marineros. Cuatro compañeros sacaron su cuerpo del agua y lo llevaron hasta la Virgen. Tras permanecer inmóvil, el marinero abrió los ojos ante la imagen, completando así la recreación del Naufraxio.

La celebración continuó con la procesión marítima. El barco que transportaba la imagen de la Virgen del Carmen, acompañado por los protagonistas del Naufraxio, encabezó el recorrido.

A su paso se sumaron las embarcaciones engalanadas, que acompañaron a la Virgen entre cánticos y la Salve Marinera.

Así, el mar volvió a convertirse así en el escenario de una tradición que mantiene vivo el recuerdo de quienes han estado vinculados a la vida marinera de Laxe y la devoción que, durante generaciones, la localidad ha profesado a su patrona.

Finalmente, la Virgen regresó a la iglesia de Santa María da Atalaia. Allí, después de la intensidad de la jornada, volvió a imponerse el silencio devoto, poniendo el punto final a una celebración en la que la memoria, la fe y el mar volvieron a encontrarse.