Marco Frisina, la batuta de Dios

Si grandes genios del calibre de Miguel Ángel, Bernini o mismo Gaudí han logrado expresar la grandeza de Dios a través de la arquitectura, la escultura o la pintura, no cabe duda de que monseñor Marco Frisina también lo hace con sus partituras musicales. El reconocido compositor y director de orquesta italiano emocionó a Galicia y Compostela en el conciertazo que ofreció la noche de este jueves en la capital gallega, como avanzó la edición digital de EL CORREO GALLEGO. Y no le costó mucho. Ante un abarrotado auditorio presentó al mundo por primera vez la Misa que le ha dedicado al Apóstol Santiago con motivo del Año Santo. Contó para ello con la intachable puesta en escena de la Real Filharmonía de Galicia, las voces blancas de la Escolanía de la Catedral, el Orfeón Terra a Nosa y la Schola Antiqua. La cita fue impulsada por el Cabildo catedralicio en colaboración con la Xunta de Galicia, como uno de los grandes broches finales del jubileo.

El músico y también sacerdote, que llevó la batuta con absoluta maestría, explicó que cuando comenzó a componer las melodías de la Misa dedicada al hijo de Zebedeo se inspiró básicamente en tres cuestiones: el patronazgo del Apóstol en Galicia y en España; su martirio; y el fenómeno de las peregrinaciones.

La primera parte del concierto, al que asistieron el arzobispo de Santiago, monseñor Julián Barrio; y su auxiliar, monseñor Francisco Prieto, entre otras autoridades, incluyó a mayores el nuevo himno que monseñor Marco Frisina compuso para el Apóstol. Está inspirado en los textos de los antiguos himnos latinos, ordenando en las seis estrofas las principales características del Apóstol y del santuario de Compostela, cuyas puertas están siempre abiertas a los hombres y mujeres que buscan el perdón. Así, la muletilla del himno recuerda el martirio que santificó al Apóstol peregrino. La música es solemne y gozosa, como corresponde al canto de entrada de una celebración litúrgica festiva.

Hay que decir que la segunda parte del repertorio también fue muy emocionante. Arrancó con una obra que ha llevado el nombre de su compositor, monseñor Frisina, por todo el mundo, pues sirvió de banda sonora de la película Juan XXIII, el papa de la paz. Se trata de Pacem in terris: “Para que exista paz en el mundo no es suficiente únicamente con la ausencia de guerras. La verdadera paz nace del corazón de cada hombre y mujer. La verdadera paz proviene del Señor”, manifestó el director de la orquesta, maestro de capilla de la Catedral de San Juan de Letrán de Roma.

El tema se inicia de un modo suave, pero finaliza con un grito: el grito de la humanidad a Dios invocando la paz sobre la tierra. La obra está inspirada en la figura del papa san Juan XXIII y recibe el nombre de Pacem in terris porque fue la última encíclica que publicó.

Completó esta segunda parte, muy aplaudida por el público, la interpretación de otras obras relevantes del compositor, como Anima Christi, La via dei martiri, O magnum mysterium, o Nada te Turbe, con la que el músico quiso poner en valor las enseñanzas de Santa Teresa de Ávila. Pero no cabe duda de que el tema con el que logró conquistar a los más de mil asistentes fue Paradiso, paradiso, ya no solo por su melodía pegadiza, sino porque consiguió que el público se sumara a los coros. Y lo hizo bien. Los aplausos se pudieron oír en el Pórtico de la Gloria; y a la salida del Auditorio de Galicia algunos tarareaban: “Paradiso, paradiso… Que ben o pasamos!”

De esta manera se despidió el eminente compositor de la ciudad del Apóstol, deseando a todos una feliz Navidad con un villancico europeo que lleva por título Noel, noel… A la excelente interpretación de la orquesta hay que sumar la brillante actuación de las decenas de voces de las tres formaciones que participaron en el recital, con los solos de la mezzosoprano Dolores Pampín y el tenor Chema Ares. Asimismo, el maestro también reconoció el talento de Adrián Regueiro, al órgano.

 

Fuente: El Correo Gallego