Miradas 34

Trigésimo cuarto día de confinamiento. Hemos dicho más de una vez que este tiempo de reclusión es una oportunidad única para reforzar los lazos familiares. Entre el matrimonio y entre padres e hijos. La convivencia continuada nos regala mucho tiempo para reflexionar sobre nosotros mismos, sobre cómo somos y cómo nos gustaría ser. Y para conversar abiertamente con los demás miembros de la casa. Las personas sólo podemos construir lazos indestructibles desde una comunicación honesta, desde un diálogo que supere la superficialidad de una mera charla y aborde con total franqueza la esencia de nuestro propio ser. Algo a lo que estamos muy acostumbrados los miembros de los Equipos de Nuestra Señora. Lo que no implica que no sea difícil hacerlo.

Los ENS es un movimiento para matrimonios fundado en París a finales de la década de los treinta del siglo pasado por el sacerdote Henri Caffarel, un maestro de oración. La razón de ser de los Equipos se recoge con claridad en las primeras palabras de su Carta Fundacional, en las que se establece que los miembros de Equipos “ambicionan llegar al límite de sus promesas bautismales. Quieren vivir para Cristo, con Cristo y por Cristo. Se entregan a Él incondicionalmente y lo reconocen como Jefe y Señor de su hogar. La norma de su familia es el Evangelio”. Es, por tanto, un movimiento ideal para todo matrimonio cristiano.

Con una intuición asombrosa, Caffarel fue pionero defendiendo que los casados alcanzábamos la santidad precisamente en el ser esposos y padres de familia. Una idea que hoy aceptamos sin reticencias porque cuajó definitivamente en el concilio, pero que en aquellos tiempos sonaba casi a herejía.

Pedagogo sin título académico, Caffarel estableció unos medios, seis para ser exactos, que denominamos puntos concretos de esfuerzo, y a través de los cuales se invita a los matrimonios miembros de los ENS a progresar en su espiritualidad y en su crecimiento personal y conyugal. Entre estos medios destaca lo que en terminología de los Equipos denominamos “sentada”. Al menos una vez al mes se invita al matrimonio a que se retire a un lugar tranquilo para mantener un diálogo conyugal en profundidad. Se trata de desnudar el alma ante el otro con el objetivo de profundizar y madurar la relación de pareja. La sentada se rige por el amor. Expongo lo que soy con todos mis defectos sin maquillar y acojo la verdad de mi cónyuge para amarla cada vez más, sobre todo en sus deficiencias. Tal como Dios nos ama. Esto quiere decir que las críticas a lo que no me gusta de mi cónyuge se hacen desde la misericordia. No son armas arrojadizas contra el otro, tentación por lo demás que todos los casados experimentamos en más de una ocasión.

El Señor nos invita en estos días a mirar a los ojos a nuestros seres queridos y a anudar con más fuerza los lazos del amor mutuo. Para que nadie ni nada pueda minar su fortaleza. Para ser testigos del amor de Dios en un mundo necesitado de Verdad y de Luz.

Antonio Gutiérrez

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