? Mons Julián Barrio, arzobispo de Santiago. Cuaresma

Con la imposición de la Ceniza el pasado miércoles arrancaba la Cuaresma.

Se trata de un tiempo para reflexionar sobre nuestra propia identidad de creyentes y ser conscientes de que la Iglesia acompaña la vida, sostiene la esperanza y quiere ser signo de unidad caminando hacia la Pascua.

En palabras del recordado Papa Benedicto: “Un tiempo propicio para que, con la ayuda de la Palabra de Dios y de los Sacramentos, renovemos nuestro camino de fe, tanto personal como comunitario” especialmente mediante el sacramento de la reconciliación.

En la Constitución Apostólica Poenitemini, el Santo Papa Pablo VI nos enseña que la Iglesia ha visto siempre «en la tríada tradicional oración-ayuno-caridad» las formas fundamentales para cumplir con el precepto divino de la penitencia.

El “Convertíos y creed en el Evangelio” no está solo en el inicio de la vida cristiana, sino que acompaña todos sus pasos: cada día nos invita a entregarnos a Jesús, a tener confianza en Él, a permanecer en Él, a compartir su estilo de vida, a aprender de Él el amor verdadero, a seguirle en el cumplimiento cotidiano de la voluntad del Padre, la única gran ley de vida.

En otras palabras: la penitencia, es decir, la conversión de lo malo a lo bueno, y de lo bueno a lo mejor, se produce en los cristianos fundamentalmente por el camino de la oración, el ayuno y la limosna, signos que evidencian un empeño por responder a la voluntad de Dios creando espacio en nosotros para que Dios nos lleve siempre a mejor: la

⁃ La vida de fe, es imposible sin la oración. Si no tenemos los espacios para conectar con Dios nuestra fe se convierte en algo abstracto. Es necesario establecer lazos profundos de relación personal con Él.

⁃ Ayunar consiste, esencialmente, en privarnos del alimento (origen de la palabra), pero en general es referido a cualquier clase de privación como afirmamos en el prefacio IV de Cuaresma con el : «porque con el ayuno corporal refrenas nuestras pasiones, elevas nuestro espíritu, nos das fuerza»;

⁃ La limosna, como signo de desprendimiento privándonos de lo superficial. Así nos lo recuerda el prefacio III de Cuaresma: «Con nuestras privaciones voluntarias nos enseñas a reconocer nuestro afán de suficiencia y a repartir nuestros bienes con los necesitados».

No dejemos “transcurrir en vano este tiempo favorable”. Ya sabemos dónde está el “camino de verdadera conversión” y quién es “Camino, Verdad y Vida”. Feliz y Santa Cuaresma.