Mons. Prieto invita a escuchar con el corazón y a cuidar de los demás en la celebración de la Virgen del Pilar

  • Durante las celebraciones, el arzobispo pidió también por la salud del papa León XIV y lo encomendó a la protección de la Virgen: «Lo ponemos en el corazón del Señor y en el corazón de la madre».

El arzobispo de Santiago, monseñor Francisco José Prieto Fernández, presidió este lunes, 12 de octubre, dos celebraciones eucarísticas con motivo de la festividad de la Virgen del Pilar, patrona de la Guardia Civil: por la mañana, en la parroquia coruñesa de La Milagrosa, y por la tarde, en la Catedral de Santiago.

La gratitud por el servicio a la sociedad, la necesidad de escuchar y el compromiso de llevar la fe a la vida cotidiana centraron sus homilías. En ambas celebraciones estuvo presente también la oración por la salud del papa León XIV.

Un agradecimiento al servicio que tantas veces pasa desapercibido.

En La Milagrosa, tras la ofrenda a la Virgen, monseñor Prieto expresó su reconocimiento a los miembros de la Guardia Civil y a los demás cuerpos y fuerzas de seguridad presentes. «Gracias por ese cuidado, gracias por cuidarnos», manifestó al destacar una dedicación que a menudo se desarrolla de forma callada, sin convertirse en noticia.

El arzobispo puso el acento en la dimensión humana de ese trabajo y en la atención a quienes atraviesan situaciones de miedo, incertidumbre o sufrimiento. Mencionó especialmente a las personas mayores, a las mujeres que sufren violencia y a las generaciones más jóvenes, expuestas también a los riesgos del mundo digital. Detrás de cada expediente o informe, recordó, hay una persona que necesita encontrar ayuda y una escucha atenta.

El arzobispo recordó también que quienes cuidan de los demás necesitan sentirse acompañados. Con la imagen de los discípulos reunidos junto a María en el cenáculo, expresó su deseo de que los agentes encuentren en sus familias, compañeros y amigos el apoyo necesario para compartir las dificultades de cada jornada, descansar y recuperar fuerzas.

Su reflexión se extendió al conjunto de la sociedad. La convivencia pacífica, señaló, requiere la responsabilidad de todos, el respeto a las diferencias y la voluntad de reducir las palabras que ofenden o descalifican. En ese compromiso situó tanto la firmeza en la defensa de la justicia, la dignidad y la verdad como la cercanía que merece cada persona.

La Asociación Pilarista lleva a la Catedral su ofrenda.

Por la tarde, la celebración en la Catedral comenzó con la invocación de la Asociación Pilarista Compostelana. Sus integrantes acudieron a la casa del Apóstol para honrar a la Virgen y recordar a quienes no habían podido acompañarlas.

La ofrenda evocó la tradición que vincula a Santiago con la Virgen del Pilar: la presencia de María junto al Apóstol, a orillas del Ebro, para alentarlo en un momento de cansancio y desánimo en su tarea evangelizadora.

La asociación expresó su devoción mediante la participación en la eucaristía y la ofrenda de flores. En sus peticiones encomendó a todos sus miembros, con sus trabajos, penas y alegrías, y pidió por la paz en las familias, los pueblos y las naciones. También recordó a la Iglesia compostelana, a los peregrinos, al Santo Padre y a las socias y seres queridos fallecidos.

Una fe que se haga vida y una esperanza puesta en el Año Santo,

En su homilía en la Catedral, monseñor Prieto presentó a María como una presencia que sostiene y ayuda a confiar en medio de las dificultades. Relacionó el desaliento del Apóstol con las preocupaciones, las heridas y las esperanzas que cada persona llevaba consigo a la celebración.

Desde esa realidad, invitó a escuchar al prójimo con atención, sin dejar que los prejuicios o las palabras hirientes impidan conocerlo. «Escuchemos el corazón del que está a nuestro lado», pidió, antes de destacar que la escucha de la Palabra de Dios debe traducirse en hechos: «Hagamos vida nuestra fe en Cristo».

El arzobispo vinculó esa coherencia con la construcción de relaciones fraternas en la familia y en la sociedad. Una comunión que, explicó, ha de convertirse en compromiso concreto y permitir que las diferencias enriquezcan la convivencia.

Al final de su intervención, dirigió la mirada hacia la próxima apertura de la Puerta Santa y el nuevo Año Santo, que presentó como un tiempo de gracia, reconciliación y perdón. Animó a prepararlo con alegría y confianza, y a regresar a la vida cotidiana con la disposición de ser testigos de la fe.