- La celebración fue presidida por el arzobispo de Santiago de Compostela, mons. Francisco José Prieto, y reunió a cientos de fieles.
- El nuevo templo, dedicado a la Santísima Trinidad, nace como una casa abierta a todos los diocesanos y especialmente a los sacerdotes.
- El proyecto impulsado por Víctor Blanco Naveira culmina un sueño iniciado en la infancia y convertido hoy en una realidad al servicio de la Iglesia diocesana.
La comunidad de Raiña, en la parroquia de Cabrui (Mesía), vivió el domingo 31 de mayo una jornada histórica con la bendición de su nueva Casa de Oración, un espacio concebido para la oración, la acogida y el encuentro que desde hoy se incorpora plenamente a la vida pastoral diocesana.
La celebración coincidió con la solemnidad de la Santísima Trinidad, una fecha especialmente significativa para este lugar, donde cada rincón, cada símbolo y cada espacio han sido concebidos como una catequesis permanente sobre el misterio trinitario. Las tres columnas del porche, los símbolos de las fuentes distribuidas por la finca y numerosos elementos arquitectónicos recuerdan constantemente la presencia de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, convirtiendo el conjunto en una expresión visible de la fe que inspira el proyecto.
En el centro de esta Casa de Oración destaca además una reproducción del célebre Icono de la Trinidad de Andrei Rublëv, una de las representaciones más conocidas de este misterio cristiano y símbolo de comunión, acogida y hospitalidad, aspectos profundamente vinculados a la identidad de Raiña.
La Eucaristía fue presidida por el arzobispo de Santiago de Compostela, monseñor Francisco José Prieto Fernández, y concelebrada por el arzobispo emérito, monseñor Julián Barrio Barrio; el vicario general, José Andrés Fernández Farto; el vicario de Santiago, Juan González-Redondo, así como numerosos sacerdotes diocesanos.
La asistencia superó ampliamente lo esperado. Muchos fieles procedentes de parroquias cercanas y de distintos puntos de la diócesis se desplazaron hasta a Raiña para participar en una jornada festiva y profundamente espiritual. Numerosas personas siguieron la celebración desde las pantallas instaladas en el exterior del templo, habilitadas para facilitar la participación de todos los asistentes.
Durante la ceremonia tuvieron lugar diversos ritos litúrgicos: la bendición de la iglesia, la bendición de la sede presidencial y del ambón, la dedicación del altar y la bendición del sagrario, configurando así plenamente el nuevo espacio como lugar destinado al culto y a la vida sacramental.
En su homilía, el arzobispo vinculó la bendición del oratorio con el significado profundo de la solemnidad de la Santísima Trinidad. Destacó que Dios se revela no como una realidad aislada, sino como una comunión de amor que invita a los creyentes a vivir la fraternidad, la unidad y el encuentro.
Monseñor Prieto subrayó que la Trinidad no es un misterio lejano, sino una presencia que habita en la vida cotidiana de las personas y las comunidades. Asimismo, recordó que la Iglesia está llamada a ser espacio de hospitalidad, acogida y comunión, una reflexión especialmente significativa en un lugar como Raiña, concebido precisamente para abrir sus puertas a todos.
«La Trinidad nos muestra que estamos llamados a la comunión, al encuentro y a la fraternidad«, afirmó el arzobispo, quien también invitó a los presentes a descubrir en cada persona el reflejo del amor de Dios.
En otro momento de su homilía, monseñor Prieto hizo referencia al lema de la próxima visita del Papa a España, «Alzad la mirada», animando a los fieles a abrirse a horizontes más amplios de fe y esperanza. El arzobispo señaló que alzar la mirada supone dejar atrás el aislamiento y las pequeñas seguridades para mirar de frente a Dios, a los demás y al futuro con confianza, desde la certeza de saberse acompañados por la misericordia divina.
La jornada concluyó con el rezo del rosario, retransmitido por Radio María, en una celebración que contó además con la presencia de la imagen de la Virgen Peregrina de Radio María, reforzando el carácter mariano de un día vivido con intensidad por los asistentes.
Un sueño de infancia convertido en realidad
Detrás de esta obra se encuentra la figura de Víctor Blanco Naveira, principal impulsor y alma mater de Raiña. Visiblemente emocionado durante la jornada, contemplaba cómo se hacía realidad un proyecto que comenzó siendo el sueño de un niño de doce años.
Según él mismo ha relatado en numerosas ocasiones, aquel sueño nació bajo unos limoneros en la aldea familiar. Allí pidió a Dios poder tener algún día una casa donde sus amigos pudieran reunirse para rezar y desde la que, de algún modo, se contribuyera a cambiar el mundo.
Su proyecto lo tituló «Obasileia» y lo definió como «una casa abierta a las ovejas descarriadas». La propuesta defendía una realidad eclesial abierta físicamente y también en su manera de entender la acogida, destinada a creyentes, alejados, personas de otras confesiones y a todos aquellos que buscasen un lugar de encuentro.
«Es un sueño hecho realidad», ha repetido en distintas ocasiones Víctor Blanco, quien no oculta que todo cuanto sucede en este lugar lo vive como un motivo permanente de agradecimiento a Dios.
Una casa para toda la diócesis
Uno de los rasgos que definen a Raiña es su vocación de servicio a toda la Iglesia compostelana.
Desde sus inicios, el complejo ha acogido numerosos encuentros de jóvenes, retiros, convivencias, grupos de formación, catequesis, jornadas de oración y actividades pastorales de muy diversa índole. También han pasado por sus instalaciones comunidades religiosas, grupos parroquiales y sacerdotes de distintas diócesis.
La apertura de la Casa de Oración refuerza todavía más esta dimensión. Blanco Naveira destaca que se trata de una casa abierta a todos los diocesanos y, de manera muy especial, a los sacerdotes, que encuentran en este entorno un espacio privilegiado para el descanso espiritual, la oración y la convivencia fraterna.
Fe y compromiso social bajo un mismo techo
Sin embargo, Raiña no se limita únicamente a la dimensión espiritual. A lo largo de los años ha desarrollado una intensa labor social que constituye una parte esencial de su identidad.
Fruto de la experiencia de oración compartida surgió la Asociación Raiña, desde la que se impulsan diversos programas dirigidos a personas en situación de vulnerabilidad o riesgo de exclusión social.
Entre ellos destaca el programa «Companio«, destinado a personas mayores del medio rural, que encuentran en este espacio actividades, convivencia y apoyo emocional. Los testimonios de quienes participan reflejan el profundo sentido de familia que se ha generado alrededor del proyecto.
Asimismo, la asociación desarrolla iniciativas en el Centro Penitenciario de Teixeiro, programas formativos relacionados con la agricultura ecológica, proyectos de igualdad dirigidos a mujeres del rural e itinerarios de inserción sociolaboral para personas con dificultades de acceso al empleo.
A ello se suma la empresa de inserción Primicias Raiña, que ofrece oportunidades laborales a personas en situación de vulnerabilidad y favorece procesos de integración social a través del trabajo.
Personas procedentes de distintos países, mayores, jóvenes, voluntarios y trabajadores forman hoy una comunidad diversa unida por un mismo espíritu de acogida.
Precisamente esa dimensión humana fue una de las notas más destacadas durante la jornada de bendición. Para muchos asistentes, Raiña representa mucho más que un conjunto de edificios o un centro de actividades. Es una experiencia de Iglesia donde la oración, la amistad, la solidaridad y la esperanza conviven de manera natural.
Con la bendición de la nueva Casa de Oración, la Archidiócesis de Santiago suma ahora un nuevo espacio de referencia para la evangelización, la oración y la acción social. Un lugar nacido de la fe perseverante de un niño que soñó con una casa abierta a todos y que hoy, décadas después, ve cómo aquel sueño continúa creciendo al servicio de Dios, de la Iglesia y de quienes más lo necesitan.







