Voces de esperanzaTestimonios: Gabriel, estudiante de derecho

Testimonios: Gabriel, estudiante de derecho

Gabriel Salsón estudia Derecho en la Universidad de Santiago de Compostela. Reside en O Milladoiro con sus padres y un hermano. Será de los pocos que, estos días, haya tenido una peculiar distracción: en un momento de su tiempo libre, abrió la Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino, en busca de algún razonamiento inspirador. Gran conversador y persona de diálogo, nos ofrece su amplia visión de los acontecimientos.

El perfil

Me considero afortunado por haber tenido una extraordinaria profesora de filosofía, Mónica de Soto, que me introdujo en mundo del debate. Con algunos compañeros de estudios, quedamos campeones gallegos de Parlamento Xove, experiencia de jornadas dialécticas cuyo objeto es fomentar el diálogo entre los jóvenes como herramienta para argumentar razonadamente ideas propias. Al año siguiente, en primero de Bach., acudí a una competición a nivel de España, quedando entre los 5 mejores. Luego a Hungría, al campeonato europeo. Allí descubrí que quería dedicarme a algo sobre el debate y las ideas.

¿Qué opinas del Coronavirus?

Desde mi perspectiva, he seguido con interés la reacción de Rusia y EEUU. Los primeros, cerraron con rapidez las fronteras y, por el momento, el número de contagiados parece pequeño. EEUU, por su parte, no “compra” la versión de Europa y China… Tal vez, salvando las distancias,  compararía esta situación al hundimiento del Titanic: esta sociedad tan tecnificada, que pone al ser humano en el centro, creyéndose todopoderosa… y no estaba preparada para una situación como ésta. Lo relaciono con el olvido de Dios del mundo occidental. Nos creemos superiores y poderosos, pero acabamos de comprobar que no somos nada.

Permítaseme un vistazo atrás, repasando la historia. El caso de Francia me parece clave: un país que desde fines del S. XVIII ha sido el más importante de Europa, cuyos pasos se extrapolan luego a otras naciones. Aparte del virus, tienen un problema muy grande de inmigración. Lo he visto con mis propios ojos en París, durante los cuatro meses que he cursado allí parte de mis estudios. Tienen una serie de problemas para los cuales el Sistema Democrático posee escasa o frágil respuesta. El país galo, como el resto, va a enfrentarse en un futuro cercano a tres grandes cuestiones: migración, estado del bienestar y economía de libre mercado. Desde mi punto de vista, serán los tres pilares de cualquier nuevo régimen.

Sin entrar en planteamientos políticos, cabe decir que sólo los partidos capaces de responder convincentemente a estas cuestiones, centrarán los votos en las actuales democracias. De ahí los cambios que observamos en la composición de los recientes parlamentos. En consecuencia, se prevé una reorganización importante de la estructura del estado con efectos para los ciudadanos.

A modo de un Titanic, hemos chocado con el iceberg del egocentrimo: “Comparando con lo que vi en aquella visión, lo que he escrito es muy poca cosa”. Así se expresaba Sto. Tomás de Aquino, después de una experiencia mística. Le pareció de ínfimo valor su esfuerzo de razonamiento emprendido durante años. Todo el saber al que podemos llegar en el mundo terrenal es ínfimo.

¿Te cuesta estar en casa?

Me cuesta. Pero creo que viene muy bien porque sirve de tiempo para reflexionar sobre nuestras creencias, sobre cómo llevamos nuestra vida. Aunque cueste, la experiencia a largo plazo va a ser positiva si se ha llevado bien. Estos días tengo muy presente el Sal 42: “Dios que da alegría a mi juventud”. Resulta clave saberlo encontrar a Él, no sólo de fiesta, lúdicamente, sino también cuando más lo necesitamos, en los momentos de incertidumbre como el actual.

Algo que te ayude a sobrellevar mejor la rutina diaria.

Ir a ver a mi abuela. Por las mañanas, antes de comer suelo visitarla. Me da un consejo, o su sabia visión de la situación… Además del bienestar que me proporciona encontrarme con ella, vemos que mueren muchos ancianos en las residencias. Ella me cuidó de pequeño cuando yo no podía valerme por mí mismo. Eso no lo olvido. Además, ella me da mucha fuerza. Como que le agradezco tantas cosas. En su alegría está la mía.

Una lección para aprender

Las oraciones conjuntas que todos podemos hacer. Y la vida de unión familiar. Si se pueden combinar ambas, hasta el punto de poder rezar juntos, mejor que mejor. Ya que no podemos asistir a Misa el domingo, centramos nuestra atención en una oración más meditativa, o en el rezo del Rosario. A lo largo de la historia, la respuesta de la Iglesia ante sucesos como la peste u otras enfermedades epidémicas, ha sido la de celebrar más Misas. Por eso me siento en perfecta sintonía con las parroquias en que se celebra este Sacramento. Incluso, más allá de la necesidad de estar físicamente ante una pantalla que muestre audiovisualmente una celebración, considero que participo de la comunión de los bienes que brotan de la Sta. Misa aunque la distancia me separe, físicamente, del celebrante, en estos momentos de alerta sanitaria.

El valor de la Eucaristía lo define con acierto el beato Charles de Foucauld: “una sola Misa glorifica más a Dios que el martirio de todos los hombres unido a las alabanzas de todos los santos”. A algunos de mis compañeros de estudios les extraña mi compromiso cristiano. Cuando debatimos sobre cuestiones relacionadas con la fe y la religión, llegamos al punto de la asistencia dominical a Misa. Medio en broma, medio en serio, comentan que, a lo sumo, aceptarían una participación en ella a través de la televisión. Entonces, les recuerdo que podría llegar a pensarse que la Eucaristía en la tele tendría el mismo valor que la Misa “in situ”, presencial. Pero sabemos que no es lo mismo. Nadie está obligado a cumplimientos imposibles (la asistencia de los impedidos, por ejemplo). La Iglesia nos recuerda que hace falta la participación de  uno mismo, unida a la ofrenda de Cristo y a la de los hermanos.

Como cristiano, animo a los sacerdotes a celebrar las Misas, en la medida de sus posibilidades, como fuente de gracia inagotable para este tiempo tan complicado. Me uniré a esa valiosa oración, rezando para no perder el ansia de Dios que ha de acompañarnos hasta el final de nuestras vidas.

Unas palabritas para Dios

“Desgraciado el hombre que todo lo conoce, pero que a Ti te ignora. Feliz quien te conoce, aunque ignore todo lo demás. Quien te conoce a Ti y a todo lo demás, sólo por conocerte a Ti, es feliz; no por lo demás”. El gran San Agustín me ayuda a rezar y a meditar.

Una dedicatoria

A los capellanes del hospital. Por su labor incansable y de testimonio.

Un modo de servir a los demás sin salir de casa

Insisto en la oración. Rezando se es de gran utilidad a la Iglesia y al mundo entero. Pudiera parecer inútil, pues la sociedad habla de actividad, de practicismo, de utilitarismo. Tal vez por eso se infravalora. Pero de ahí nos vienen las gracias, nos reconforta y agrada a Dios.

Un sueño para el futuro

Habitar en un mundo donde la familia ocupe el lugar del Estado, el padre el lugar del político, y el sacerdote el lugar del influencer.

 

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