Un siglo del relieve de los mártires de Damasco (PP. Franciscanos de Santiago)

Al igual que se está celebrando en nuestros días, en 1927 la familia franciscana conmemoró con numerosas actividades, tanto religiosas como culturales, el séptimo centenario de la muerte de san Francisco, celebración a la que no fue ajena la comunidad de Santiago de Compostela. En este contexto, el 25 de septiembre se inició una solemne novena en honor del Serafín de Asís. Durante esos días, concretamente el día 2, se organizó una peregrinación a la ermita de San Paio do Monte para los Terciarios, Antonianos y miembros de la Catequesis, dado que, según la tradición, este lugar había acogido a san Francisco durante su peregrinación a Compostela. Allí se celebró una misa solemne con comunión general.

Sin embargo, unos días antes, el 30 de septiembre, a las siete de la tarde y antes del ejercicio de la novena, el rector, el P. Toribio, procedió a bendecir una nueva pieza artística: el relieve de los mártires de Damasco.

La obra fue realizada por el escultor Enrique Carballido Nieto, por encargo de la comunidad, con el fin de ocupar la hornacina que anteriormente estaba dedicada a san Buenaventura, en el segundo de los retablos del lado del evangelio, empezando desde el fondo del templo. Su ejecución conmemoraba la elevación a los altares de los mártires, verificada el 10 de octubre de 1926 por el papa Pío XI. Según la noticia publicada en El Eco Franciscano el 15 de octubre de 1927, tres de los religiosos beatificados, martirizados el 10 de julio de 1860 -los beatos Nicanor Ascanio, Nicolás Alberca y Pedro Nolasco Soler- habían pertenecido al colegio compostelano. Por su parte, el beato Juan Jacobo Fernández era natural de la provincia franciscana de Santiago, concretamente había nacido en la comarca de O Carballiño. Todos ellos fueron canonizados recientemente, en octubre de 2024.

Para la ejecución del altorrelieve, Enrique Carballido tomó como modelo una estampa que reproducía un cuadro conservado en el convento donde estos franciscanos fueron martirizados. La pieza presenta una forma de arco de medio punto, adaptándose así a la embocadura de la hornacina que debía ocupar. Los ocho frailes aparecen dispuestos en sentido ascendente y portan la palma martirial. Organizados en dos grupos de cuatro, describen una suerte de semicírculo y se apoyan sobre un conjunto de nubes. Estas se abren en dos puntos: en la parte inferior, para dejar visible la representación del convento, y en la superior, para dar paso a una cruz ante la que aparecen dos angelotes trompeteros.

Delante del relieve fue colocada una cruz relicario, hecha en madera de ciprés y decorada con nácar; en ella se representan las armas de la pasión y, asimismo, contiene reliquias de todos los lugares de Tierra Santa, incluso un Lignum Crucis. Como consta en la inscripción latina de su base, después de ser bendecida en la iglesia del Santo Sepulcro, fue venerada por muchos años en el lugar del hallazgo de la Santa Cruz. Finalmente, fue traída a España y colocada en esta iglesia en el año 1858.

Luis Ángel Bermúdez Fernández