La festividad de Pentecostés se vivió de manera especial en el Arciprestazgo de Alvedro-Cerveiro, donde la fe se convirtió en un lenguaje común que superó cualquier brecha generacional. Un grupo heterogéneo de aproximadamente cien personas, compuesto tanto por jóvenes como por miembros más experimentados de nuestras comunidades parroquiales, se reunió en la Iglesia nueva de Santa Cruz con un propósito único: abrir el corazón para permitir que el Señor derrame sus dones y nos renueve interiormente.
Esta Vigilia, concebida bajo la premisa de ser una iniciativa «de los jóvenes para los jóvenes», logró trascender su objetivo inicial, transformándose en una verdadera fiesta de la comunidad cristiana.
La presencia de diez sacerdotes del arciprestazgo, a los que se unió el Delegado diocesano de Juventud Javier García, quienes acompañaron con cercanía a los integrantes de sus respectivas parroquias. Fue un testimonio palpable de la unidad eclesial.
Asimismo, la participación de las religiosas del Colegio Cristo Rey y de las Hermanas Mercedarias de la Caridad aportó un matiz de oración y entrega que enriqueció la atmósfera de la velada.
Un encuentro marcado por la entrega interior
El eje conductor de esta vigilia fue la oración contemplativa, magistralmente guiada por la música del grupo Xente Daquí e Dacolá. A través de sus cantos, cada nota se convirtió en un puente que facilitaba la elevación de los corazones hacia Dios, creando un clima de intimidad que invitaba al silencio y a la escucha profunda.
Más allá de la música, el encuentro fue un espacio de honestidad radical ante el Padre. Con la confianza plena de quien se sabe amado, los jóvenes tomaron el protagonismo para presentar ante el altar sus miedos más profundos, sus heridas invisibles y aquellas preocupaciones que nublan el horizonte cotidiano.
Fue un momento de vulnerabilidad sanadora, donde la comunidad se unió en una sola voz, clamando con la firme convicción de que el Espíritu Santo —ese don que nos ha sido prometido y derramado— posee la fuerza necesaria para curar cualquier sufrimiento. La vigilia no fue solo un acto litúrgico, sino un recordatorio vivo de que, cuando nos reunimos en oración, el Espíritu nos habita, nos consuela y nos envía nuevamente al mundo, renovados por Su gracia.
El encuentro pudo ser seguido – y puede ser descargada su emisión- en el Canal de YouTube de la parroquia: Santa Eulalia de Liáns.
Para cerrar la jornada, la vivencia espiritual dio paso a la fraternidad más cercana en los salones parroquiales, donde todos los asistentes compartieron un sencillo refrigerio. En un ambiente distendido y de alegría compartida, este tiempo de convivencia sirvió para estrechar lazos, intercambiar impresiones sobre lo vivido y celebrar, entre risas y bocados, el regalo de haber compartido juntos esta experiencia de fe.






