Acción de gracias en Oleiros por la presencia de la comunidad de Clarisas Capuchinas

  • El arzobispo mons. Francisco José Prieto destacó la fecundidad evangélica de la vida contemplativa.
  • La jornada estuvo unida al regreso del histórico retablo de la Transfiguración al templo coruñés de Panaderas.

La comunidad de hermanas Clarisas Capuchinas de Santa Cruz, en Oleiros, vivió este sábado jornada acción de gracias por su presencia contemplativa en A Coruña y Oleiros.

La Eucaristía, celebrada a las 13.00 horas en el monasterio oleirense, estuvo presidida por el arzobispo de Santiago de Compostela, mons. Francisco José Prieto Fernández, quien destacó en su homilía en el valor espiritual y humano de una comunidad que durante siglos hizo de la oración silenciosa su forma de servicio a la Iglesia y a la sociedad.

La celebración quiso convertirse en un reconocimiento a una historia iniciada en A Coruña a finales del siglo XVII y continuada desde 1982 en Oleiros. La Eucaristía se vivió como una acción de gracias por una presencia contemplativa que acompañó durante generaciones la vida espiritual de miles de personas.

“Hoy no damos solamente gracias por lo que esta comunidad habéis hecho; damos gracias por lo que habéis sido entre nosotros”, expresó el arzobispo durante una homilía profundamente marcada por el tono de gratitud. Ante numerosos fieles, sacerdotes, representantes de la familia franciscana y personas vinculadas al monasterio, Prieto Fernández recordó que la vida contemplativa representa “un inmenso regalo para una diócesis y para un pueblo”.

El prelado destacó además que la comunidad de clarisas capuchinas fue durante décadas “una humilde morada de Dios entre los hombres”, primero en la ciudad de A Coruña y posteriormente en Santa Cruz de Oleiros. “La oración nunca se pierde”, afirmó, destacando  que el legado espiritual de las religiosas permanece vivo más allá del paso del tiempo.

La presencia de las clarisas capuchinas en Galicia se remonta a 1682, cuando doña Catalina de Estrada promovió en A Coruña la fundación del convento de las Capuchinas, inicialmente pensado para acoger a damas y viudas de escasos recursos. Aunque el proyecto estaba destinado en un principio a las Carmelitas, finalmente fueron las Clarisas Capuchinas quienes llegaron desde Madrid para establecerse en la ciudad.

El convento de la calle Panaderas, obra vinculada a figuras esenciales del barroco gallego como Domingo de Andrade y Fernando de Casas y Novoa, se convirtió con el paso de los siglos en uno de los espacios religiosos más emblemáticos de A Coruña. En los años sesenta acogió además las primeras celebraciones estables de la eucaristía en lengua gallega durante la dictadura franquista.

En 1982, la comunidad se trasladó al monasterio de Santa Cruz de Oleiros, donde continuó desarrollando su vida contemplativa en un ambiente de oración, silencio y acogida espiritual. Ese vínculo entre A Coruña y Oleiros estuvo muy presente durante toda la jornada de este sábado.

Horas antes de la misa celebrada en Oleiros, el templo de las Capuchinas de Panaderas acogió también el acto de bendición del regreso del retablo de la Transfiguración, trasladado nuevamente a su ubicación original. Ambos momentos quedaron unidos por un mismo sentimiento de gratitud hacia una comunidad que, durante más de tres siglos, formó parte de la historia espiritual, cultural y patrimonial de Galicia.