Con motivo de la Jornada Nacional de Manos Unidas y de la Campaña contra el Hambre, que la Iglesia en España celebra el 8 de febrero de 2026, el arzobispo de Santiago de Compostela, Mons. Francisco José Prieto Fernández, ha escrito una carta pastora len la que pone el foco en una de las realidades más dolorosas y urgentes de nuestro tiempo: el hambre que sufren millones de personas en el mundo y que constituye una grave herida para la dignidad humana.
A la luz de la Palabra de Dios y del magisterio social de la Iglesia, el arzobispo recuerda que la lucha contra el hambre no es solo una cuestión asistencial, sino un compromiso de justicia y de amor fraterno que interpela directamente a la conciencia cristiana. Inspirándose en el lema de la campaña de este año, “Declara la guerra al hambre”, invita a pasar de la sensibilidad a la acción, promoviendo una caridad comprometida, un estilo de vida más sobrio y el apoyo a los proyectos de desarrollo que impulsa Manos Unidas.
Esta carta es, por tanto, una llamada a toda la comunidad diocesana a unir oración, formación y compromiso concreto para trabajar por un mundo más justo y solidario, en el que nadie carezca del pan necesario para vivir con dignidad.
Jornada Nacional de Manos Unidas
Campaña contra el hambre
8 de febrero de 2026
Declara la guerra al hambre
En esta Jornada de Manos Unidas, la Iglesia diocesana eleva su voz y su corazón ante una de las heridas más dolorosas de nuestro mundo: el hambre que padecen millones de personas. No es solo una carencia de alimentos; es una negación de la dignidad humana, una injusticia que clama al cielo y que interpela directamente a nuestra fe.
Siguen resonando con fuerza profética aquellas palabras de san Pablo VI que nos recuerdan que el desarrollo es el nuevo nombre de la paz, pues “la paz no se reduce a una ausencia de guerra, fruto del equilibrio siempre precario de las fuerzas. La paz se construye día a día, en la instauración de un orden querido por Dios, que comporta una justicia más perfecta entre los hombres” (Populorum progressio 76).
La Sagrada Escritura es clara y exigente. Dios escucha el clamor del pobre y nos invita a no permanecer ajenos o indiferentes (cf. Francisco, Evangelii Gaudium 187-192): “Cuando haya entre los tuyos un pobre, entre tus hermanos, en una de tus ciudades, en la tierra que va a darte el Señor, tu Dios, no endurezcas tu corazón ni cierres tu mano a tu hermano pobre” (Dt 15,7). Y la carta de Santiago nos advierte con palabras contundentes: “Si un hermano o una hermana andan desnudos y faltos del alimento diario y uno de vosotros les dice: «Id en paz, abrigaos y saciaos», pero no les da lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve?” (Sant 2,15-16).
El lema de este año, “Declara la guerra al hambre”, nos invita a una decisión firme, personal y comunitaria, contra las causas que generan pobreza, exclusión y desigualdad. Es una llamada a pasar de la indiferencia a la compasión activa, de la limosna ocasional al compromiso sostenido. Benedicto XVI, en Caritas in veritate, subrayó que el derecho a la alimentación es inseparable del derecho a la vida, y que “dar de comer al hambriento es un imperativo ético para la Iglesia entera” (n. 27). Recientemente, en la sede de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Papa León XIV afirmó que “alcanzar el Hambre Cero solo será posible si existe una voluntad real para ello, y no únicamente solemnes declaraciones” (Discurso en la FAO, 16 de octubre de 2025).
Desde nuestra diócesis, queremos unirnos a esta jornada no solo con palabras, sino con gestos concretos: la oración sincera, la sensibilización de nuestras comunidades, el apoyo generoso a los proyectos de Manos Unidas y un estilo de vida más sobrio y solidario. Cada Eucaristía que celebramos nos compromete, porque no podemos partir el Pan de la vida y cerrar los ojos ante quienes no tienen pan para vivir: la Eucaristía impulsa a todo el que cree en Él a hacerse “pan partido» para los demás y, por tanto, a trabajar por un mundo más justo y fraterno” (Benedicto XVI, Sacramentum caritatis 88). Las palabras de San Juan Crisóstomo sobre la justicia social comentando el Evangelio de Mateo, y que el papa León XIV recoge en Dilexi te 41, nos apelan a ver a Cristo en los pobres como lo encontramos en el altar: “¿De qué serviría, al fin y al cabo, adornar la mesa de Cristo con vasos de oro, si Él muere de hambre en la persona de los pobres? Primero da de comer al que tiene hambre y luego adorna su mesa con lo que sobra”.
Agradeciendo la disponibilidad y entrega de los voluntarios y colaboradores de Manos Unidas, pidamos que el Señor nos conceda un corazón semejante al suyo, capaz de compasión y de entrega. Que María Madre, humilde servidora, nos enseñe a reconocer a Cristo en los hambrientos de nuestro tiempo y a “declarar la guerra al hambre” con la fuerza del Evangelio, que es siempre amor hecho servicio.
Con mi bendición y gratitud por vuestro compromiso.
Francisco José Prieto Fernández
Arzobispo de Santiago de Compostela






