La historia de la Casa Sacerdotal se remonta al año 1999. Su creación fue iniciativa de mons. Antonio María Rouco, entonces arzobispo, quien impulsó el proyecto ante la necesidad de ofrecer un espacio adecuado para los sacerdotes mayores. La Xunta aceptó la propuesta de permutar el edificio de San Roque y su huerta a cambio de la construcción de la actual residencia, que vino a sustituir la del Preguntoiro.
En las gestiones colaboraron don Daniel Cerqueiro y don Salvador Domato, mientras que el proyecto arquitectónico fue obra de don Rafael Baltar. El edificio cuenta con 28 habitaciones individuales y otras 14 más sencillas destinadas a transeúntes.
Desde su inauguración, el primer y hasta ahora único director ha sido don Ricardo Viqueira Otero, párroco de San Antonio de As Fontiñas. Bajo su dirección, la Casa se ha caracterizado por un ambiente de libertad y confianza: los residentes disponen de llaves propias y encuentran una acogida cercana, especialmente quienes llegan por primera vez. A ello se suma la atención diaria a los enfermos y dependientes, una dimensión esencial de la vida en la residencia.
La atención espiritual corre a cargo de un capellán, responsable de la liturgia y de la visita cotidiana a los enfermos. Desempeñó esta misión don Donato Dosil Lago y actualmente la ejerce don Enrique Redondo Mella.
En los primeros años, la administración estuvo encomendada a las Discípulas de Jesús, congregación fundada por el beato Pedro Ruiz de los Paños y Ángel. Entonces era directora la hermana Josefina García Castro, acompañada por otras cuatro religiosas, entre ellas la hermana Carmen Vilas y la hermana Nieves Fernández, hoy destinadas en Ferrol y Valladolid, respectivamente. Las religiosas dejaron la residencia en agosto de 2020, pero tanto ellas como los sacerdotes que convivieron con su servicio guardan un recuerdo agradecido de aquella etapa.
Tras su marcha, asumió la gestión el grupo Norte Fundación, hoy denominado Fundación Aliados por la Integración, entidad creada específicamente para atender a sacerdotes y religiosos mayores. Con más de veinte años de experiencia en el ámbito de la atención a instituciones religiosas, la fundación atiende actualmente a más de 2.000 usuarios en 116 centros y colabora con 57 instituciones religiosas. Entre sus funciones se encuentra la formación del personal y la supervisión periódica del bienestar en la Casa.
En la residencia de Santiago trabajan 14 personas, entre ellas nueve auxiliares (con un coordinador y un asistente social) y cinco empleados dedicados a la limpieza y a la cocina, bajo la responsabilidad de una gobernanta en la planta baja.
A lo largo de los años, han sido numerosos los sacerdotes que se han beneficiado de la acogida y los servicios de esta Casa Sacerdotal. La comunidad no oculta su agradecimiento por una institución que, más allá de su función asistencial, se ha convertido en un verdadero hogar donde la fraternidad, la atención y la vida compartida siguen marcando el día a día.






