“Como el amor divino es fuerte, da fuerzas a nuestra natural flaqueza para que emprenda cosas que a los hombres parecen locuras”. Madre María-Antonia de Jesús
Rompe el día, aunque todavía es de noche. Una hermana madruga un poco más para despertar a las demás. Hace sonar las “tablillas” y canta con voz alegre: “¡Alabado sea nuestro Señor Jesucristo y la Virgen María, su Madre! ¡A la oración, hermanas, a alabar al Señor!”. Cada hermana, ya arrodillada en su celda, repite como un eco las primeras alabanzas al Señor.






