El papa León XIV clausura el Jubileo Ordinario de 2025 dedicado a la Esperanza

El papa León XIV clausuró este martes, 6 e de enero, el Jubileo Ordinario de 2025 con el cierre solemne de la Puerta Santa de la basílica de San Pedro, rito celebrado al inicio de la misa de la Epifanía del Señor. Con este gesto, el Pontífice puso fin al Año Santo dedicado a la esperanza, que durante doce meses ha congregado a millones de peregrinos en Roma.

La celebración comenzó en el atrio de la basílica vaticana, donde el Papa, acompañado por cardenales, obispos, sacerdotes, miembros de la Curia romana, canónigos y penitenciarios del templo, procedió al rito del cierre de la Puerta Santa. Entre los participantes en la celebración se encontraba el arzobispo de Santiago de Compostela, monseñor Francisco José Prieto Fernández.

Tras permanecer unos instantes en oración ante la Puerta Santa, León XIV la cerró personalmente y, a continuación, encabezó la procesión hacia el interior del templo para presidir la Eucaristía de la solemnidad de la Epifanía, con la que concluyó también su primera celebración de la Navidad como pontífice.

En su homilía, el Papa subrayó el significado espiritual de la Epifanía y del Jubileo recién concluido: «El Niño que los magos adoran es un Bien que no tiene precio ni medida. Es la Epifanía de la gratuidad. No nos espera en los lugares prestigiosos, sino en las realidades humildes». Y añadió: «En su Hijo contemplaremos y serviremos a una humanidad magnífica, transformada no por delirios de omnipotencia, sino por el Dios que se hizo carne por amor».

El Jubileo de la Esperanza había sido inaugurado el 24 de diciembre de 2024 por el papa Francisco, pero, tras su fallecimiento en abril, ha sido concluido por su sucesor, en una circunstancia inédita desde el año 1700.

Más de 33 millones de fieles peregrinaron a Roma a lo largo de este Año Santo, principalmente procedentes de Italia, Estados Unidos y España. El Jubileo, instituido en el año 1300, se celebra ordinariamente cada veinticinco años como un tiempo privilegiado de conversión, perdón y renovación espiritual.