La misionera diocesana Estrella Arjomil, con casi dos décadas de trabajo en Mozambique, compartió su experiencia vital y pastoral en una entrevista realizada por Fátima Noya Varela, delegada diocesana para las Misiones, en la que puso rostro humano a una realidad marcada por el sufrimiento, pero también por una profunda esperanza.
Arjomil vive y trabaja en la provincia de Cabo Delgado, al norte del país, una zona castigada desde 2017 por la violencia armada ligada a la explotación de recursos naturales. Los ataques han provocado el desplazamiento de numerosas comunidades y han agravado problemas históricos como la falta de atención sanitaria y las carencias educativas. “Muchas personas han tenido que abandonar sus aldeas y empezar de nuevo”, explica la misionera.
A pesar de esta situación, la religiosa subraya la extraordinaria capacidad de resistencia del pueblo mozambiqueño. La acogida entre familias, la solidaridad con los desplazados y la convivencia entre distintas etnias han transformado la vida de las comunidades cristianas. “En las parroquias hablamos de un verdadero Pentecostés”, afirma, al describir cómo la diversidad cultural ha enriquecido la experiencia de fe y planteado nuevos retos pastorales.
Uno de los aspectos más impactantes de su testimonio es la firmeza de muchos cristianos que, incluso bajo amenaza, no renuncian a su fe. Para Arjomil, este compromiso silencioso es una fuente constante de aprendizaje: “Son ellos quienes nos evangelizan a nosotros”.
Durante la entrevista, la misionera quiso destacar también el valor del apoyo recibido desde otros lugares. La oración, muchas veces anónima, y la colaboración económica hacen posible mantener escuelas, parroquias y proyectos básicos. “Lo poco que hacemos allí es posible gracias a mucha gente que camina con nosotros”, señaló.
Como mensaje final, Estrella Arjomil invitó a mirar la realidad con gratitud y confianza. Frente al desánimo y a los discursos negativos, animó a reconocer el bien que se realiza cada día sin hacer ruido. “La fe cristiana es alegría y esperanza”, concluyó, recordando que el compromiso misionero sigue siendo hoy una luz para quienes más lo necesitan.






