- La solemnidad de Santa María, Madre de Dios, y la 59ª Jornada Mundial de la Paz marcaron la primera gran celebración litúrgica del año en Compostela, presidida por Mons. Francisco José Prieto Fernández.
Hoy jueves 1 de enero de 2026, a las doce del mediodía, tuvo lugar en la Catedral de Santiago la primera celebración litúrgica del año, presidida por el arzobispo de Santiago de Compostela, Mons. Francisco José Prieto Fernández. Coincidiendo con la solemnidad de Santa María, Madre de Dios, la Eucaristía se enmarcó también en la 59ª Jornada Mundial de la Paz, convocada por la Iglesia universal como inicio del año civil.
El templo compostelano reunió a fieles, familias, comunidades religiosas, sacerdotes concelebrantes y peregrinos de distintas procedencias que quisieron comenzar el nuevo año a los pies del Apóstol Santiago, en una celebración marcada por la oración por la paz y la acción de gracias por el nuevo año que comienza.
En su homilía, el arzobispo subrayó el significado profundamente simbólico del 1 de enero, día en el que la Iglesia mira a María como Madre y eleva su súplica por la paz en el mundo. Recordó que el tiempo no es solo una sucesión de días, sino “un don y una tarea” confiada por Dios, llamada a ser vivida como misión y compromiso. Invitó a los presentes a acoger el nuevo año como una bendición y a convertirse, a su vez, en instrumentos de paz y reconciliación en la vida cotidiana.
Mons. Prieto animó a los fieles a imitar la actitud de los pastores del Evangelio, que fueron “a prisa” al encuentro de lo esencial, poniendo el acento en la necesidad de volver a lo fundamental: el encuentro con Dios. En ese camino, afirmó, se descubre la verdadera paz, no como simple ausencia de conflicto, sino como don que nace en el corazón y se construye desde la justicia y la verdad.

El arzobispo destacó el papel central de María, presentada como Madre que acoge y guarda la vida, y como modelo de una paz que se edifica desde el respeto a toda vida humana, desde su inicio hasta su final. Junto a ella, evocó la figura silenciosa de san José, ejemplo de un compromiso cotidiano, discreto y fiel, que construye la paz sin estridencias.
En referencia a la Jornada Mundial de la Paz, recordó el mensaje del papa León XIV para este año, titulado «La paz esté con todos ustedes: hacia una paz desarmada y desarmante«. Siguiendo el mensaje del Santo Padre, el arzobispo insistió en la urgencia de “desarmar” los corazones de la violencia, del miedo y de los discursos que generan confrontación. En este contexto, llamó a vivir una “paz desarmada”, visible en el Niño de Belén, y una “paz desarmante”, basada en la escucha, el diálogo y la cercanía desde la verdad.
En la oración por la paz, Mons. Prieto incorporó de manera especial la mirada a los conflictos del momento presente y evocó con preocupación las guerras que siguen desgarrando a la humanidad,citando de manera expresa Gaza y Ucrania, sin olvidar otras guerras menos visibles en África, Asia o América. A la vez, invitó a mirar las “guerras cercanas”, las que surgen en las familias, entre amigos o en las comunidades, recordando que la paz mundial comienza en los gestos cotidianos y en las relaciones más próximas.
Finalmente, el arzobispo exhortó a no reducir la paz a un ideal abstracto, sino a asumirla como compromiso concreto de los creyentes, vivido día a día: “Vayamos al encuentro de Dios y yendo al encuentro de Dios encontraremos la paz verdadera”.






