El pasado 3 de julio el Papa recibió la Liberty Medal del Centro Constitucional Nacional. Lo que allí expresó está relacionado con aquello que conforma el capítulo I de su Encíclica, en ambos casos, habla de valorar y proteger la magnífica humanidad creada por Dios, que ha dado lugar a que la Iglesia, en cada momento a la luz de la Verdad revelada y contenida en las Sagradas Escrituras haya establecido un diálogo con la sociedad para la defensa de la creación.
Al recibir la medalla, dice el Papa, que existe una dignidad humana “que precede a la institución de cualquier estado y cuya protección representa su propio fin”. En el caso de los Estados Unidos su Declaración de Independencia el 4 de julio de 1776 se funda en que “todos los hombres y mujeres son creados iguales y dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables, entre los cuales se encuentran el derecho a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad.” Comenta el Papa que “Aunque expresada en el lenguaje del Iluminismo, esa afirmación, en el fondo, está arraigada en una comprensión de la persona humana inspirada en la gran visión bíblica del hombre y la mujer creados a imagen de Dios. De hecho, es aquí donde descubrimos el fundamento de la dignidad humana”
Expresa el Papa algo que es extrapolable a cualquier sociedad “el camino para construir una sociedad que encarnara esos elevados ideales de libertad y justicia para todos no siempre ha sido fácil y, en muchos aspectos, sigue siendo una tarea en curso. De hecho, el esfuerzo por hacer realidad esta visión debe retomarse en cada generación y ante desafíos siempre nuevos”
El Papa, partiendo de los derechos promovidos en la Declaración expresa su visión de la humanidad: “El primer derecho (…) el derecho a la vida, pues nadie a quien se le priva de la vida puede disfrutar de la libertad ni buscar la felicidad”(…)Después del derecho a la vida (…) la libertad (…) ha ocupado un lugar preeminente entre los principios honrados por los hombres y las mujeres que han buscado un nuevo comienzo dentro de las fronteras de esta nación, a menudo equiparándola con una esperanza antes inimaginable. (…). Se basa en la capacidad del ser humano para conocer la verdad y adherirse a lo que es bueno, incluso a un alto costo: un sacrificio bien conocido por muchos de quienes se han esforzado por forjar este país. El anhelo de verdad y libertad, así como la propia búsqueda de la felicidad, siguen inspirando a personas de todas las generaciones a plantearse preguntas fundamentales sobre el sentido de la vida, sobre nuestro fin último y, en el fondo, sobre Dios; y es propio de los corazones magnánimos tratar de responder a estas preguntas con sinceridad. Las respuestas determinan inevitablemente el rumbo que procuramos dar a nuestra vida, y (…) promueve desde hace mucho tiempo la libertad religiosa necesaria para seguir de manera responsable los dictados de la conciencia en este sentido, sin miedo ni coacción”
Esto es la dignidad humana mejora en los lugares en que se protege la vida, la libertad de conciencia y se autoriza la entrada de personas que llegan con la esperanza inimaginable de recomenzar.
Por su parte, en la encíclica, el Papa hace un bello resumen de las aportaciones de cada Pontífice a la protección del ser humano y la creación.
Por dar algunas, de León XIII es la necesidad de que desde el Evangelio se hable de las nuevas circunstancias; de Pio XI la necesidad de atender a la configuración general del orden económico y político y la problemática derivada de concentrar el poder económico en manos de unos pocos. De Pio XII el valor de la democracia, teniendo en cuenta que, las injusticias no se refieren sólo a los comportamientos individuales, sino también a las estructuras económicas e institucionales, la importancia del principio de subsidiariedad, como respeto a que toda lo que puedan hacer personas, familias o comunidades locales no debe ser absorbido por instancias superiores; de Pablo VI el hecho de que la Paz debe ser entendida como algo más que ausencia de guerra, etc.
No se trata de recoger todas las aportaciones, el propio Papa, en la encíclica remite al Compendio de la doctrina social de la Iglesia católica. Se trata más bien de que cada uno de nosotros reflexionemos, desde la realidad social que nos corresponde vivir, cual será esa tarea que podemos asumir para defender la vida humana digna.
María Puy






