El 22 de marzo, V Domingo de Cuaresma y Día del Seminario, el seminarista Andrés Figueroa Molina recibió el ministerio del lectorado en el Seminario Mayor Interdiocesano Santiago Apóstol, de manos de mons. Francisco José Prieto Fernández. En esta entrevista comparte su vocación y el significado de este paso en su camino hacia el sacerdocio.
Nombre y apellidos, estudios, lugar de actividad pastoral…
Mi nombre es Andrés Fernando Figueroa Molina. Estoy en la etapa de pastoral. Ya he culminado mis estudios de teología en el Instituto Teológico Compostelano. Estoy ejerciendo la actividad pastoral ahora en la UPA de Fene-A Capela, que ha sido una experiencia muy muy bonita.
¿Cómo ha sido tu camino hasta llegar a este momento?
Bueno, ha sido un camino largo, sobre todo porque ha sido el camino académico, el camino comunitario. El 16 de diciembre recibimos la admisión y desde ese día hasta hoy he estado haciendo un trabajo pastoral de lleno siempre en la parroquia. Voy solamente una vez a la semana al Seminario y siempre en la parroquia. Ha sido una experiencia muy bonita, así que ha sido un camino muy muy bonito.
¿Qué significa ser lector en la Iglesia hoy?
Es un servicio muy importante, puesto que es una forma de hacer conocer a Jesús, al que le estamos dando la respuesta. Al fin y al cabo, la Palabra que leemos se encarnó y vino a nosotros y nos dejó la encomienda de hacerlo conocer a todos. Entonces, creo que es seguir sirviendo a la Iglesia a través de la Palabra de Dios, que es haciendo conocer a Cristo, que es a la larga nuestro compromiso, no solo de nosotros los que nos preparamos. para el sacerdocio, sino de todos los cristianos, hacer que Jesús sea conocido en todo en todas partes.
¿Qué actitudes crees que debe cultivar un buen lector?
Yo creo que debe saber escuchar porque la lectura, el Evangelio dice más de lo que se expresa en el escrito y nos habla al corazón y hay que tener un corazón dispuesto a escuchar una mente abierta siempre para que la palabra penetre en la vida del que la escucha y del que la lee.
¿Cómo te ayudan las Sagradas Escrituras en tu vida?
Pues son el bastón donde se donde me sostengo. La Sagrada Escritura es el centro de nuestra de nuestra vida pastoral. Porque al fin y al cabo compartimos el pan de la Eucaristía, pero también compartimos el pan de la palabra. Y la Escritura es nuestro nuestro nuestra guía para responder a ese llamado que el Señor nos está haciendo y no solo el llamado, sino para responder como buenos cristianos.
¿Qué retos ves en la transmisión de la fe de hoy?
Pues el reto más grande es estar, porque la transmisión de la fe se da desde el testimonio personal. Y claro, si yo no estoy dispuesto a estar con la gente, si no estoy dispuesto a estar en la comunidad, pues la verdad es que poco vamos a hacer. Entonces, yo creo que lo que debemos hacer es tener la paciencia para estar, para escuchar, para ser en medio de la comunidad, de las comunidades a las que nos piden servir.
¿Qué pasos sientes que Dios te invita a dar después del lectorado?
Yo siento que que el llamado es uno solo y es el llamado al servicio y lo único que yo tengo que hacer es responder en obediencia, esperando lo que lo que la Iglesia a través de mis formadores, a través de mi Arzobispo me pide. Entonces, tengo que estar es dispuesto. Lo que tengo que tener es apertura para aceptar lo que me piden y seguir caminando en todo lo que me digan hasta entregar mi vida a ejemplo de Jesús, siendo o haciendo lo que Él hizo.






