Monseñor Francisco Prieto invita a vivir el amor fraterno en la celebración del Jueves Santo en la Catedral de Santiago

  • El arzobispo de Santiago, mons. Francisco José Prieto, preside la Cena del Señor y da inicio al Triduo Pascual en la Catedral compostelana.
  • El lavatorio de los pies simboliza la llamada al servicio y a la humildad cristiana.
  • La Eucaristía, el sacerdocio y la caridad fraterna, ejes de una jornada central para la Iglesia.

La Catedral de Santiago de Compostela acogió en la tarde de este Jueves Santo la solemne celebración de la Cena del Señor, presidida por el arzobispo, monseñor Francisco Prieto. Con esta liturgia, la Iglesia da inicio al Triduo Pascual, el periodo más importante del calendario cristiano en el que se conmemoran la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo.

La ceremonia reunió, entre otros, al arzobispo emérito, mons. Julián Barrio Barrio, junto a miembros del cabildo catedralicio, sacerdotes, miembros de la vida consagrada y numerosos fieles que participaron.

En su homilía, el arzobispo centró su mensaje en el significado de la “hora” de Jesús, un momento que definió como la entrega total y definitiva del Hijo de Dios por la humanidad. “Ha llegado la hora… la hora en la que Jesús nos amará hasta el extremo”, afirmó, subrayando que en ese acto se revela un amor que se dona completamente y que se hace presente en cada celebración eucarística.

Una llamada a la entrega y a la fraternidad

Monseñor Prieto también destacó que la Última Cena no solo es memoria de un acontecimiento pasado, sino una realidad viva que se actualiza en cada Eucaristía. En este sentido, recordó que el gesto de partir el pan y ofrecer el cáliz expresa la entrega total de Cristo, que “se da enteramente, pan de vida para el mundo”.

Asimismo, subrayó que esta celebración es también una llamada a los fieles a encarnar el amor fraterno como un compromiso real y cotidiano. Recordó que la caridad no puede reducirse a un sentimiento pasajero, sino que es la expresión viva de la fe, una fe que se hace gesto, servicio y cercanía concreta hacia quienes más lo necesitan.

El prelado también invitó a los creyentes a adoptar una actitud humilde: arrodillarse ante el hermano, reconocer su dignidad y trabajar por una convivencia basada en la justicia, la verdad y la paz.

El lavatorio de los pies, signo de servicio

Uno de los momentos más significativos de la celebración fue el tradicional lavatorio de los pies. Siguiendo el gesto de Jesús con sus discípulos, el arzobispo se arrodilló para lavar los pies de varios personas, simbolizando el servicio y la entrega.

Recordó que este gesto, propio de los siervos en tiempos de Jesús, representa la esencia del mensaje cristiano: “No vino a ser servido, sino a servir”. Añadió que participar en este acto implica asumir el mismo camino de Cristo, un camino que conduce de la cruz a la vida.

Este signo, junto con la institución de la Eucaristía y del sacerdocio, constituyen los pilares del Jueves Santo, también conocido como el día del Amor Fraterno.

Invitación a la oración y continuidad del Triduo

Al concluir la misa, el Santísimo Sacramento fue reservado en el Monumento para su adoración, invitando a los fieles a prolongar la oración y la meditación durante la noche.

El Triduo Pascual continuará este Viernes Santo con la celebración de la Pasión del Señor, que será presidida por el arzobispo a las 18:00 horas en la misma catedral, en una de las citas más solemnes y sobrecogedoras de la Semana Santa compostelana.