Voces de esperanzaTestimonio: José Luis Casado

Testimonio: José Luis Casado

Me llamo José Luis Casado, soy sacerdote, nací hace 65 años en Don Benito provincia de Badajoz en la Comarca de las Vegas Altas, cerca del río Guadiana y después de vivir en algunas ciudades, Barcelona, Pamplona y Roma, llevo en Galicia desde el año 1984, 36 años, es el lugar donde más tiempo he vivido. Aquí en Galicia trabajé en Santiago de Compostela, Ourense dónde viví 16 años, Lugo a la que viajé desde Santiago durante unos años entrañables, y Coruña en dos etapas, una en los años finales de los ochenta y ahora por gracia de Dios he podido venir a pasar estos dos últimos años en la ciudad herculina.

Estoy desde hace 4 meses en el dique seco por un agravamiento de la enfermedad neoplásica que tengo desde hace ya bastantes años y por tanto mi oficio actual es ser enfermo lo mejor que se puede, que no es fácil estar enfermo y asumir la enfermedad con todos sus límites y su falta de horizonte, pero con la gracia de Dios estoy procurando llevar esta dedicación actual, la que el Señor quiere de mí, lo mejor que puedo y sé.

Hasta ahora mi dedicación como sacerdote del Opus Dei ha sido fundamentalmente atender tareas de formación que me habían sido encomendados;  también en este periodo último en La Coruña he ayudado en la Capellanía del colegio Montespiño y sobre todo he dedicado gran parte de mi tiempo y de mi vida a estar cerca de los sacerdotes (especialmente de los) vinculados a la Obra en la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz y a muchos amigos sacerdotes; y a la diócesis cuando la diócesis ha solicitado mis servicios:  este ha sido el caso por ejemplo de mi participación en el Consejo Presbiteral estos últimos años y también en el Sínodo diocesano y por último la gracia que tuvo a bien concederme el Señor Arzobispo de proponerme como Misionero de  la Misericordia  junto a los demás siete sacerdotes de la diócesis, nombrados después por el Papa Francisco,  para atender situaciones especiales en el año de la Misericordia que tantos frutos espirituales y humanos ha dejado en el conjunto de la Iglesia entonces y ahora.

 

¿Qué opinas del coronavirus?

Tuve la suerte de estudiar Medicina antes de ser sacerdote y tengo pues una cierta sensibilidad y conocimientos de esa materia sobre todo después de lo que hemos podido leer en distintos medios de comunicación durante todos estos días que llevamos de confinamiento.

Desde el punto de vista médico el coronavirus se está conociendo, aunque no es completamente nuevo, en todas sus presentaciones genómicas, comparte sus códigos con otros virus ya existentes, entonces es la presentación nueva de algo preexistente en la naturaleza.

Socialmente, hay muchísimas versiones y muchas opiniones, todas acertadas seguramente con más o menos fundamento de lo que está siendo el confinamiento y de lo que puede venir a ser el mundo después de esta pandemia. Una pandemia que según las mejores opiniones va a durar bastante tiempo hasta que sea erradicada: habrá que aprender a convivir con el virus, siguiendo las directrices de las autoridades sanitarias.

Con la fe cristiana, que es como inevitablemente vemos las cosas los hijos de Dios, me parece que es imposible sustraerse al pensamiento de que esto no tiene nada que ver con Dios, de que esto no tiene nada que ver con un mensaje suyo de que esto no es una llamada amorosa, aunque amarga, porque nos gusta lo previsible, lo seguro, lo normal. Es lógico, porque esa es la experiencia humana multisecular, pero de vez en cuando hay campanadas históricas: esta parece una de ellas.

 

¿Te cuesta estar en casa?

La verdad es que en mi caso se ha juntado la enfermedad que he tenido desde el comienzo de la pandemia con las medidas restrictivas que las autoridades han dado en todo el mundo. Estar confinados en casa, sin libertad de movimientos y posibilidad de salir me parece una situación durísima y tristísima desde el punto de vista humano. Pienso que lo es para todo el mundo, quizá para los cristianos, que solemos tener un trato íntimo con el Señor, con la Santísima Virgen, con el cielo y con la tierra si se tiene la suerte de estar acompañados es más llevadero algo tan duro como es una situación de confinamiento tan desconocida como la que estamos viviendo.

En mi caso, para mantener la presencia de Dios, tengo un plan de vida espiritual desde hace años, que incluyen ratos de oración, la Santa Misa, lectura espiritual, el Santo Rosario y las devociones comunes a la Virgen; y después los medios de formación espiritual cristiana, cada semana y cada mes, respetando las normas de confinamiento. Por tanto, desde ese punto de vista no he dejado de tener el apoyo y la ayuda inestimable de estos medios que me ayudan a estar cerca del Señor, que me ayudan a buscar a la Virgen y a los ángeles y a los santos. Además, estoy leyendo muchas cosas del Éxodo y viendo la serie de la RAI sobre Moisés, estoy leyendo también el libro “Sin mordazas” de Dorothy Day católica ferviente norteamericana de los años 30 en Estados Unidos que tiene una gran fuerza. Hay tiempo también para ver algún western en 13TV. Tengo también otros intereses: estoy leyendo el libro de Juan Pablo I de Andrea Tornielli que tiene para mí y después de tantos años todavía tantas cosas desconocidas del Papa Santo que fue. Además, tenemos después de las comidas un rato de amena convivencia con los demás residentes del centro del Opus Dei donde vivo, son ratos cortos breves, pero dónde nos conocemos dónde nos tratamos dónde se habla con sencillez de las noticias del día de los acontecimientos del día de las esperanzas y de las cosas futuras. Gracias a Dios no tengo tiempo para aburrirme no me faltan estímulos y ocasiones para levantar el ánimo a pesar de mí condición de enfermedad y a pesar de mí condición de confinado.

 

¿Qué lección podemos sacar de todo esto?

La lección la sacará a cada uno no según lo que el Señor le pide a cada alma porque el Espíritu Santo sopla donde quiere y como quiere y cuando quiere, se mueve con libertad porque es el Espíritu de Dios. Esperar por tanto que todos sepamos extraer una lección de vida que nos impulse a ser mejores ya sea en la línea de continuidad de un trazado honesto ya adquirido previamente, ya sea en una línea de conversión y de rectificación respecto de los errores pasados.

 

Una dedicatoria para alguien

Pues no sé, para todos, para toda la humanidad, porque en realidad somos parte de una unidad, pertenecemos al género humano, todos estamos llamados a formar parte del Pueblo de Dios, teniendo un solo corazón y una sola alma, por tanto, dedico estas palabras a toda la humanidad, a cada mujer y a cada hombre, con sus limitaciones con sus penas y alegrías, con sus aspiraciones con su Esperanza.

 

Modos de servir sin salir de casa

Para servir, servir. Lo que importa es querer servir, después cada día sale mejor. Hay mil modos de servir a los demás sin salir de casa, eso es evidente, basta con acercarse a los telediarios, o a cualquier red social, para encontrar allí sugerencias concretas de personas que tiene habilidad para compartir con los demás lo que ellos saben y practican. Yo en esta situación como digo bastante limitada porque todavía no tengo muchas fuerzas he encontrado en esta invitación de don Manuel Blanco una oportunidad para poder hacer algo por los demás, poder expresar mis sentimientos y compartirlos con la Pastoral diocesana que emite este boletín, por si sirve de algo mi experiencia y visión de las cosas.

 

Un sueño para el futuro

Soñar con una humanidad más solidaria y fraterna indudablemente. El camino del hermano es también el camino de nuestro Padre Dios.

 

Oración

¡Oh Dios, Padre Misericordioso, te pedimos por todos los afectados por esta pandemia, por los difuntos para que les concedas la Paz Contigo, por los demás afectados para que llegue su feliz recuperación y por toda la Humanidad para que aprenda las lecciones de la Historia y progrese verdaderamente! Por Nuestro Señor Jesucristo Tu Hijo. Con la intercesión de Santa María, Salud de los enfermos.

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