Una visión alternativa

En estos días de ajetreo y con la Semana Santa de por medio el Papa habla de vivir con una visión alternativa.

Una visión alternativa es aquella que dirige el Papa para acercarnos a los migrantes (en este caso de paso en Panamá) hablando del respeto a la dignidad humana de quienes son “forzados a abandonar su tierra, a enfrentarse a los riesgos y a las tribulaciones de un camino duro, al no encontrar otra salida” proponiendo una mirada de comprensión, ya que la experiencia del emigrante que conoce el Papa, es la de aquellos que “salieron en búsqueda de un mejor porvenir. Hubo momentos en que ellos se quedaron sin nada, hasta pasar hambre; con las manos vacías, pero el corazón lleno de esperanza.”

Otra visión alternativa del Papa surge cuando se dirige a los asistentes a la Conferencia sobre Conocimiento y Ciencia de los Pueblos Indígenas a los que invita a “crecer en la escucha mutua: escuchar a los pueblos indígenas, para aprender de su sabiduría y modo de vida, y al mismo tiempo escuchar a los científicos, para aprender de sus estudios.” Visión alternativa, que hace agradecer al Papa que su objetivo sea“reunir estas dos formas de conocimiento para un enfoque más inclusivo, más rico y más humano de algunas cuestiones críticas apremiantes” porque “ es necesario que los proyectos de investigación científica, y por consiguiente las inversiones, se orienten cada vez más hacia la promoción de la fraternidad humana, la justicia y la paz, de modo que los recursos puedan asignarse de forma coordinada para responder a los urgentes desafíos que afectan a la casa común y a la familia de los pueblos.”ya que sólo así se puede “ayudar a abordar cuestiones cruciales como el agua, el cambio climático, el hambre y la biodiversidad de una manera nueva, más integral y también más eficaz. Cuestiones que, como bien sabemos, están todas interconectadas.”

En esta visión alternativa y pro vida el Papa catequiza sobre la virtud, es decir, sobre aquella “disposición habitual y firme a hacer el bien” que da esa visión alternativa de la vida. El Papa de momento ha desarrollado las virtudes de Prudencia y Paciencia.

Dice el Papa que la prudencia es la virtud de la persona que sabe elegir. Añade el Papa “Quien es prudente no elige al azar: ante todo, sabe lo que quiere; luego, pondera las situaciones, se deja aconsejar y, con amplitud de miras y libertad interior, elige qué camino tomar. No es que no pueda cometer errores, después de todo sigue siendo humano; pero evitará grandes “bandazos” Resumiendo el resto de la catequesis, la prudencia es la cualidad que practica que “Lo perfecto es enemigo de lo bueno”, la virtud que enseña a “ custodiar la memoria del pasado, no porque tenga miedo al futuro, sino porque sabe que la tradición es un patrimonio de sabiduría.” y que la prudencia en la “ La vida cristiana es una combinación de sencillez y astucia.

Para cerrar, el Papa habla de la paciencia indicando que paciencia y pasión tienen una raíz común y que Jesús en la Pasión nos enseña que la “ paciencia (…) no consiste en una resistencia estoica al sufrimiento, sino que es fruto de un amor más grande.” Dice el Papa que, en toda la Biblia y en especial en el himno a la caridad de San Pablo, la paciencia siempre aparece como “el primer rasgo del amor de Dios, que ante el pecado propone el perdón. Pero no sólo eso: es el primer rasgo de todo gran amor, que sabe responder al mal con el bien, que no se encierra en la rabia y el desaliento, sino que persevera y se relanza. La paciencia que recomienza. Así que, en la raíz de la paciencia está el amor, como dice San Agustín: «El justo es tanto más fuerte para tolerar cualquier aspereza cuanto mayor es, en él, el amor de Dios» (De patientia, XVII).” La paciencia, dirá el Papa “exige ir a contracorriente respecto a la mentalidad generalizada de hoy, en la que dominan la prisa y el “todo ahora”; en la que, en lugar de esperar a que las situaciones maduren, se fuerza a las personas, esperando que cambien al instante.” Es interesante seguir la recomendación del Papa según la que “para cultivar la paciencia, virtud que da aliento a la vida, conviene ampliar la mirada. Por ejemplo, no hay que limitar el mundo a nuestros problemas; la Imitación de Cristo nos invita: «Es preciso, por tanto, que te acuerdes de los sufrimientos más graves de los demás, para que aprendas a soportar los tuyos, pequeños». Recuerda también que «no hay cosa, por pequeña que sea, que se soporte por amor de Dios, que pase sin recompensa delante de Dios»”

En esta Pascua, vivir una visión alternativa puede colaborar con el Espíritu y distribuir prudencia y paciencia a la humanidad doliente con la que convivimos.

 

María Puy